Ucrania se hunde, gana Rusia, pierden EEUU, Europa y ELPAÍS

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A pesar de los denodados esfuerzos de la camarilla de gangsters internacionales, capitaneados por EEUU, por reconducir y normalizar el laberinto golpista ucraniano hacia sus siempre bastardos intereses, lo cierto es que están consiguiendo precisamente lo contrario: que la rebelión se haya larvado en regiones del Este de Ucrania que estaban, teóricamente, a salvo del “secesionismo” crimeo y, por otra parte, que la influencia y poderío de Rusia se sigan acrecentando. Ucrania se hunde cada vez más en su propio estercolero fascista a pesar de que goza del inestimable apoyo político-financiero de las potencias occidentales y del asesoramiento de la maquinaria represiva de la CIA. Los admiradores de Stephan Bandera (el colaboracionista nazi-ucraniano de la II Guerra Mundial) van caminando pasito a pasito hacia el hundimiento de su Estado o, al menos, camino de convertirse en una colonia-juguete de Washington y los mercaderes de Europa.

Lugansk, Donetsk o Jarkov, son otras tantas ciudades ucranianas del Este y sur del país donde los levantamientos populares en contra del golpe teledirigido por la OTAN está poniendo contra las cuerdas al régimen neohitleriano de Kiev. La población mayoritariamente rusa de aquéllas regiones de Ucrania no quieren ver ni en pintura a la OTAN, a la UE o al FMI, ni, por descontado, a los nazis que han tomado el poder en Kiev. Huelen, lógicamente, a saqueo y a persecución política. Sus demandas, sin ser “anexionistas” hacia Rusia, son claras y determinantes: autonomía federalista, idioma oficial propio y, en definitiva, cultura propia. Para ello han organizado una resistencia activa, por encima de todo pacífica (a pesar de la intoxicación occidental) frente al nuevo poder golpista, obteniendo como respuesta una operación terrorista diseñada por la CIA que, hasta ahora, ha resultado un completo fiasco. Mala “suerte” y peor que lo van a tener las marionetas golpistas de Kiev porque el avispero ucraniano ya está en marcha y es imparable, a pesar de los faroles que ha lanzado la OTAN, las fanfarronadas que han vertido EEUU y la UE y los acuerdos de última hora para “desarmar” a los rebeldes “pro-rusos”, a los que van a tratar de engañar para conservar unos jirones de su “estadito” pro-nazi .

EEUU organizó el golpe de Estado en Ucrania. Es un hecho probado en las conversaciones telefónicas, interceptadas, que mantuvieron la Secretaria adjunta del Departamento de Estado norteamericano, Victoria Nuland, y el embajador de EEUU en Kiev donde eligieron qué mamporrero debía dirigir provisionalmente el país: en este caso, el actual primer ministro provisional, el golpista Arseny Yatseniuk. Como también ha resultado probado que el depuesto presidente Yanukovich no fue el artífice de la “represión” en la plaza Maidan de Kiev, sino que en la misma fue ejecutada por los pistoleros ultraderechistas de Svoboda (también con la CIA en la sombra), es decir, por los admirables opositores que Occidente jaleaba desde sus cloacas “democráticas”. El tinglado fue puesto en evidencia, de nuevo, mediante otra conversación capturada, la de una “socialista”, Catherine Asthon (representante de la UE para política exterior) con el ministro de Exteriores de Estonia. A pesar de esta soberana desvergüenza, los media mentían y mentían al más puro estilo goebbelsiano, inventándose prácticamente todo sobre los sucesos de Kiev y mostrando la cara más infame de la desinformación. El que quiera saber de qué pie cojean las dos pajarracas antes mencionadas (Ashton y Nuland) tiene que ir a Wayne Madsen: La agenda secreta de Victoria Nuland y Catherine Ashton.

La zozobra ucraniana ha llegado a la Falsimierda española: ELPAIS, el periódico del Pentágono (además de los clásicos ultras ABC, LaRazón, etc.) se ha “chinado” con Rusia en un editorial de esos que parecen sacados de un manual de contrainsurgencia anticomunista de la CIA. Los plumíferos polanquistas añoran la “guerra fría” y ven a Rusia como el nuevo Leviatán que resurge de las cenizas del comunismo soviético. Bajo un amarillista y tendencioso titular del día 15 de este mes (“Rusia insaciable“) empieza la profusión de patrañas y falsedades de ELPAIS, omitiendo en todo su editorial, deliberadamente, que en Kiev unos neonazis han subido al poder arropados, financiados y monitoreados por EEUU. Dicen estos esbirros mediáticos del imperio: Rusia no está dispuesta a dar tregua a su vecina Ucrania: después de arrebatarle la península de Crimea, ahora siembra la inestabilidad en las regiones orientales con el propósito de frustrar las elecciones presidenciales previstas para el 25 de mayo e impedir que su antiguo satélite construya un futuro viable mirando a Europa.

Primer embuste: Crimea no ha sido arrebatada a nadie puesto que jamás en su historia fue región ucraniana, salvo la concesión-regalo que hizo el trilero Kiruschev a la ex república soviética a mediados de los años 50 y, de otro lado, el pueblo crimeo ha decidido, soberanamente, incorporarse democráticamente a Rusia, algo que escuece a ELPAÍS, para quien la democracia sólo es posible si es expedida por el país que más la ha pisoteado, es decir, USA. Segundo embuste: los únicos que han sembrado inestabilidad y golpismo cruento han sido EEUU y Europa, los verdaderos promotores del golpe de Estado en Kiev. Tercer embuste: Rusia no impide nada, salvo que con toda lógica se siente amenazada. Es el pugnaz expansionismo de EEUU y sus aliados el que está fagocitando falsas “roboluciones”, el que está comprando “opositores” a los que presenta como “víctimas” de despiadados ex-comunistas y el que pone en marcha golpes “blandos” en países del Este ex socialista con el fin de atraerlos a su órbita económica y militar y, de este modo, cercar lo más que puedan a Rusia y China.

Los editorialistas de ELPAIS prosiguen con un verdadero repertorio rusófobo-conspiranoico: Rusia infiltra a sus fuerzas especiales y al mismo tiempo espolea los temores de la minoría rusohablante con bulos, tan burdos como efectivos, sobre la llegada del fascismo o las persecuciones. Un guion perfectamente previsible, en el que no faltan, por supuesto, líderes prorrusos que piden la intervención de Moscú para evitar “un genocidio”. Se olvida el periodicucho del Departamento de Estado USA de la visita que el jefe terrorista de la CIA hizo a Kiev no hace mucho para mover los hilos de la represión en las regiones rebeldes del Este de Ucrania. Se olvida de las declaraciones de los líderes ultraderechistas (en el gobierno provisional ucraniano) alentando la persecución contra los rusos (y, por cierto, también contra los judíos). Se olvidan los del imperio mediático socialgaloso que la llegada del fascismo al poder en Kiev ha sido un hecho constatable, al igual que la conspiración para el golpe gestada en la embajada norteamericana en Kiev, plagada de agentes-terroristas de la CIA y, en fin, de que la “escabechina” de Maidan fue llevada a cabo por sus admirados “ultras”… Y, sin embargo, en ELPAIS tienen la desfachatez de aceptar como verdaderos demócratas a un gobierno golpista de ideología ultraderechista. Lo que hay que leer…a estos vendecuentos, “socialdemócratas” transmutados (¿ocasionalmente?) en defensores de nazis.

ELPAÍS, ya tuvo mucha PRISA por “echar” a Chávez de Venezuela hace ya unos cuantos años saludando con alborozo, en otro editorial infame, un golpe empresarial-clerical, el “CIA-carmonazo”; también le entró la urgencia por liquidar a Chávez, en su obsesión por ver desaparecer la “revolución bolivariana”, sacando a toda plana una imagen de un supuesto Chávez moribundo que se correspondía en realidad con otra persona…Ahora avala golpes de Estado en Ucrania. La socialdemocraCIA ya ni es perceptible en este indeseable medio. 

El carnaval católico de cada año

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Vuelve, como es nociva costumbre por estas malditas fechas, el ‘botellón’ clerical de la semana que llaman “santa” en un país oficialmente denominado “aconfesional”, según reza (nunca mejor dicho) el falsario artículo 16 de la Constitución militar del Rey de Franco.  Las calles se llenan de capirotes kukluxkanescos e iconografía católica, curiosos por ver como se escenifica el revival integrista de incienso y sacristía en nuestras calles (también lo llaman hecho “cultural”) y ocasionales devotos de pegote y medio enganchados por los pelos a una doctrina entre aberrante y homicida. Nadie se acuerda, entre quienes participan de esta celebración místico-verbenera, de los pecados de la “santa” madre Iglesia, que son cuantiosos. Aunque tampoco, vamos a ser sinceros, los recuerdan el resto del año.

El evento evangelizador-fundamentalista que cada año los seguidores “okupas” del Vaticano entorpecen, molestan, incordian e invaden nuestras calles me lo recuerda una cadena regional televisiva que está en manos de la ultraderecha: Castilla y León TV (con capital de personajes tan siniestros como el empresario Méndez Pozo). A pesar de ser un Ente presuntamente privado, esta empresa mediática manipuladora recibe pasta gansa de la Junta de Castilla y León, en manos del PP desde hace más de 25 años ya que, como todo lo que cae en manos del neoliberalismo depredador, la gestión “privada” se convierte rápidamete en deficitaria y el bote salvavidas del dinero público va a parar a las cuentas de las empresas afines a los dos grandes partidos corruptos: PPSOEGAL. El resultado mediático, en el caso de Castilla y León TV, es una información reaccionaria, sectaria, sesgada, en favor de los poderosos, de los banqueros y de las élites mafiosas políticas, una programación cutre, casposa, facha, motivo por si solo para que cerrasen esa cadena (su querencia por los toros, las cochambrosas jotas y las retransmisiones de misas es inenarrable). ¿Una cadena televisiva que supuestamente dice representar a todos los castellano-leoneses haciendo profesión de fe integrista? Esta es la basura que estamos padeciendo en Castilla y León.

Así que de procesión en procesión televisiva regional, gañanería de cruces, ecos de cuando la Inquisición del Santo Oficio quemaba herejes, imaginería hasta el delirio, obstrucción a vehículos y viandantes y contaminación acústica lesiva tienes que escuchar como se habla, sin pudor, de “catequismo en las calles” por parte de sus más entusiastas pregoneros ultramontanos, deudores de un devocionario de cartón piedra. El único “sentimiento religioso” que realmente fluye, de verdad, en la llamada “semana santa” es el dinero del turismo masivo, algo (el vil metal) con lo que la iglesia de Cristo ha tenido una extraordinaria afinidad, motivo suficiente para mantener su circo procesional cada año además, claro está, de otorgarle un nada despreciable dividendo simbólico religioso. De este modo, sus cristos crucificados y sus monigotes más emblemáticos son puestos a disposición de un populacho epilépticamente extasiado, a veces profundamente idiotizado (o lobotomizado), por convición religiosa o sin ella, quien aplaude el paso ceremonioso de una tradición cavernaria,  a pesar de que aquí crean menos en Dios, en los santos, en las vírgenes o en la propia Iglesia que en el Vaticano.

Pero el caso es salir disfrazados todos los años y representar una farsa saturada de mitos inverosímiles con sabor al repugnante nacionalcatolicismo franquista, portar estandartes de la División Azul, escenificar esperpentos militares y colapsar una ciudad entera durante diez días (y casi diez noches) para dar rienda suelta a una fe construida a golpe de exhibicionismo hortera, de trasnochado ritual clerical.

La policía política de CiU vuelve a las andadas

SAMSUNG DIGITAL CAMERAQue te reduzcan con la fuerza bruta en Cataluña puede significar que acabes pereciendo bajo los puños, las botas y rodillas de la Gestapo catalana, eso que llaman Mossos, el cuerpo de pistoleros represivos  que la corrupta separatista CiU tiene a su cargo para salvaguardar el orden en los Paises Catalanes. Hace tiempo que resulta preocupante la deriva de muertes a manos de los guardia de corps catalanes, pero nadie mueve un músculo en la infecta Generalitat (ni en el Estado español) que no sea aplaudir a sus matones de la Cuadra o de la pocilga.

No puede ser que alguien presuntamente conflictivo (o no) pueda terminar muerto en comisaría o en plena calle por la desenfrenada violencia ejercida por la policía de Mas. El triste récord de muertes bajo custodia policial, en la calle o la saña represiva-torturadora con que se emplean estos  gorilas de placa y pistola a sueldo del futuro Estado-gangster catalán empieza a resultar temible, por rutinaria, por el encubrimiento que hacen los medios primando, en primer, y casi exclusivo lugar, la versión policial y minimizando hasta el límite de lo practicable la brutalidad policial o bien echando un cerrojo informativo ensordecedor.

Con el crimen masivo de Ceuta todavía reciente, parece que las policías fascistas del Estado español se han metido de lleno en una vorágine represiva actuando miméticamente al estilo “americano”, es decir, utilizando todos los resortes de las más cruda violencia criminal. Lo hemos podido ver recientemente en Madrid con el numerito policial donde se han convertido, mediáticamente, de agresores en víctimas prácticamente en solitario, ante unos violentos encapuchados..que estaban perfectamente organizados. Y, vaya por dios, se montó la que se montó sabiendo que venían los observadores de la OSCE a vigilar el comportamiento policial español. Casualidad: policías acorralados y decenas de antidisturbios supuestamente “heridos”  y otros tantos cayendo como chinches al asfalto. Sólo que hay un problema: los truhanes que vierten basura en los falsimedios no nos contaron la otra versión, la siempre escamoteada brutalidad policíaca: la de manifestantes que pierden testículos, las ya habituales agresiones verbales y físicas en las comisarías, los precedentes del 25-S y tantos otros, etc, etc.

 

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Es la hora del trabajo. Encapuchados, al ladito del furgón policial de los Mossos, con estética antisistema prestos para montar un pollo

Aquí se equivocaron en la estética. Este tiene de antisistema lo que yo de obispo. Claramente un infiltrado

Aquí se equivocaron en la estética. Este tiene de antisistema lo que yo de obispo. Claramente un infiltrado policial

No me peguéis que soy de los vuestros y ya he realizado el "trabajito" de calentar el ambiente

“No me peguéis que soy de los vuestros y ya he realizado el “trabajito” de calentar el ambiente”

Me importa un rábano si la última víctima a manos de diez Mossos (verdaderamente inaudito), el actor Alfonso Bayard,  incordiaba a unas señoritas, montaba bronca en un local, estaba bajo los efectos de las drogas o mordió (a ver donde está la foto de la agresión) la mano a un Mosso según testigos nada fiables (parece ser que esta última es la consigna que suele utilizar la policía para defenderse de su “refinada” brutalidad; a los ciudadanos les da por morder como si fueran perros). Y, en todo caso, si te agreden salvajemente tienes el derecho legítimo a defenderte, con uñas y también con dientes…y tal vez con algo más. O, en fin, si el otro muerto de Salou, ocurrido en el mismo lapso de tiempo, había ejercido la manoseada, sensacionalista y amarillista “violencia de género”, motivos suficientes, al parecer, para golpear a una persona hasta matarla. Lo que queda claro, menos para la gentuza que ampara a estos sádicos, es que hay dos muertos más en la cuenta de estos Mossos violentos y fascistoides cuyos antecedentes de maltrato y barbarie policial es ya “legendaria”.

Atribuir las muertes, como argumentan los compañeros-esbirros de los Mossos, a un “cóctel de dolencias cardiacas, estupefacientes y episodios violentos por parte de los detenidos” suena tan repugnante como a apología del terrorismo de Estado, sólo que este no está tipificado como el otro…claro. 

Resucitando la opereta bufa del 23-F: el golpe ‘zarzuelero’ y los golpistas que vestían de civiles

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Pilar Urbano ha escandalizado a base de bien a la ultraderecha monárquica y a los socialgalosos del Psoe con su último libro, esta vez a cuenta del 23-F, titulado La Gran Desmemoria (Lo que Suárez olvidó y el Rey prefiere no recordar), donde la numeraria del Opus Dei pone de manifiesto lo que muchos sospecharon con mucha más antelación que la Urbano: esto es, que el Rey de Franco, el cazador de elefantes borrachos (y no “blancos”, precisamente), el mujeriego y protegido por la casta mafiosa política bipartidista (o tripartidista) estuvo al frente del golpe de Estado del 23-F, más exactamente, del que debería llamarse con más precisión “autogolpe”. No lo explicita directamente (de motu propio) la Urbano, sino que habla en boca de Suárez y otros testigos que participaron de aquella fábula golpista de brocha gorda, ya que la periodista, escurriendo el bulto y en un tono claramente elusivo dice que ella “no tiene por qué creer que el Rey estuvo al frente del 23-f”, aunque luego recula sospechosamente “El Rey nos salvó in extremis de un golpe que él mismo había puesto en marcha”, dice Urbano.

Lo novedoso del libro de Pilar Urbano reside, sobre todo, en las “explosivas” conversaciones que, supuestamente, se realizaron en las cloacas de la Zarzuela y Moncloa entre Juan Carlos y Suárez en los días previos al autogolpe, además de otros hechos aparentemente enjundiosos. Nada nuevo, por otra parte, que no se supiera en la cuestión mollar del 23-F y del propio Adolfo Suárez ya contada por otros. Suárez, ex falangista colocado como el timonel de la “transición”, era solamente un peón que había que cambiar, a medio plazo, por las buenas o por las malas. Un peón nada complaciente, ya que Suárez al menos tuvo los arrestos de encararse con Su Majestad franquista y muchos de los que hoy le adulan y ayer le “traicionaron” o le pusieron una oportuna zancadilla. Urbano idealiza a Suárez. Pero Suárez no era un idealista de una democracia cocinada al gusto norteamericano, sino un político mediocre con la fecha de caducidad en el bolsillo; un personaje que se ensañó con especial virulencia contra los resistentes antifascistas en las calles durante la “transacción”.

El 23-F fue una operación golpista “blanda” de marcado carácter civil, dirigida por la monarquía y tutelada oportunamente por EEUU destinada, supuestamente, a evitar otro golpe “duro” a cargo del fascismo militar franquista, sector que estaba atrincherado fuertemente en los cuarteles españoles. Sucedió que un grotesco fascista con tricornio arruinó el sarao golpista del Rey de Franco y la trama civil que habían orquestado conjuntamente, entre otros, el siniestro CESID (hoy CNI), el general Armada y él mismo, por lo que hubo que urdir una pantomima por televisión mediante la cual el Rey habría “salvado” a los españoles de un terrible golpe de Estado perpetrado contra la “democracia”. Demasiado tragicómico para ser creíble ese sainete real, aunque entonces muchos nos lo tragamos enterito. El pueblo español fue engañado masivamente por la clase política reinante y unos medios de manipulación participaron activamente en la patraña poniendo en marcha una falsificación histórica tan enorme como lo fue la propia “transición” española.

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Décadas de engañifas durante todos estos años por parte de los medios de desinformación no han evitado una cascada de disidentes denunciando cómo se gestó aquella burda recreación cuartelera de Tejeringo y sus secuaces, el elefante “blanco” y buena parte de la clase política, empresarial y periodística de este país. Amadeo Martínez Inglés, ex coronel de Inteligencia, con motivos sobrados para conocer los entresijos golpistas de entonces ya que estaba destinado en el Estado Mayor del Ejército en 1981, ha afirmado, sin dudarlo, que el rey Juan Carlos I fue el máximo responsable de la planificación, coordinación, preparación y ejecución del 23-F. Martínez Inglés ha sido uno de los fustigadores más sobresalientes de la figura del rey español, no sólo por la participación directa del monarca en la pseudo-asonada golpista de 1981, sino por otros escándalos y responsabilidades directas del rey “campechano” a lo largo de su oscura trayectoria de príncipe a reyezuelo (Martínez Inglés le implica directamente en el conocimiento y aprobación de la banda terrorista GAL, cuya gestación se produjo en las cloacas del CESID; el sospechoso enriquecimiento de la familia real española; sus líos de faldas con una “vedette” donde mediaron chantajes y sobornos; la muerte de su hermano D. Alfonso ocurrida en extrañas circunstancias en 1956, aunque oficialmente fue atribuida a un trágico error de Juan Carlos al disparársele, supuestamente, la escopeta de caza que portaba, etc)

Martínez Inglés ya había señalado en su censurado libro “La Transición Vigilada” que según le contó en la cárcel el golpista Jaime Milans del Bosch (teniente general de la Región Militar Valenciana): “El rey quiso dar un golpe de timón institucional, enderezar el proceso que se le escapaba de las manos y, en esta ocasión, con el peligro que se cernía sobre su corona y con el temor de que todo saltara por los aires, me autorizó actuar de acuerdo con las instrucciones que recibiera de Armada (Alfonso)”. El golpe de opereta de Milans en Valencia se redujo a un paripé donde, Martínez Inglés señala con acierto que, los tanques (de Miláns) salieron en plan de desfile, sin munición, respetando los semáforos. Un golpe de Estado no se monta así. En un verdadero golpe hubieran salido en Madrid y hubieran ido al palacio del rey, no en Valencia”.

Pero lo sustantivo no fueron las fanfarronadas ni fantochadas de Tejero, Miláns o sus comilitones golpistas de metralleta y tricornio, sino la famosa lista de los “provisionales”, es decir, el gobierno de concentración nacional golpista que habían promovido el general Alfonso Armada (el ojito derecho del rey) y el miembro del Psoe Enrique Múgica Herzog, a la sazón un destacado militante del sionismo, maniobrero, conspirador y (sic) ex Defensor del Pueblo con el PP, con el visto bueno de Felipe González. El “totum revolutum” golpista no lo era tanto…Cinco “padres” putativos de la Constitución estaban en la famosa lista de los 19 (“padres constitucionales” de los que Pilar Urbano dice que durante los acontecimientos del 23-F en el Congreso estuvieron relativamente tranquilos en sus escaños, leyendo o prestando sus abrigos a los rehenes de oro. Leían tranquilamente Gregorio Peces-Barba, Miguel Herrero, Gabi Cisneros, Jordi Solé Tura y Fraga). También “comunistas” de sainete como Tamames, ex franquistas confesos como Pio Cabanillas, el criminal de guerra Javier Solana, el periodista Luis María Ansón, empresarios como Ferrer Salat, banqueros como López de Letona o un militar en la cartera represiva de Interior estuvieron en la “lista de la asonada”. Estos personajes eran la cara más conocida del golpe, pero quedarían por dilucidar otros tantos empresarios, banqueros, políticos y periodistas que estuvieron en el fuego cruzado del golpismo cívico-militar del 23-f. Luego llegaría la operación de desmemoria de la que habla Pilar Urbano.

Floren Aoiz (Gara) afirma que los servicios secretos españoles y otros poderes fácticos tuvieron un protagonismo decisivo en la generación del ambiente de inestabilidad que antecedió al numerito de Tejero, alimentaron la sensación de caos, acosaron a Adolfo Suárez desde todos los frentes y fabricaron y utilizaron hábilmente la amenaza de un golpe militar cuyo objetivo sería poner fin a la transición. Pero no sólo eso, tuvieron que ver con la preparación del autogolpe, su ejecución, su reconducción y su posterior encubrimiento. Había que modelar la “transición” para convertirla en “transacción” franquista sin que se notase demasiado con la ejecución de un golpe a la “española”, en contraposición al sector más fascista del Ejército, que propugnaba un golpe “a la turca”. Contrataron al peor payaso posible (Tejero) y les arruinó inmisericordemente el tinglado. Pero, como dijo Franco (el verdadero mentor de la mayoría de los golpistas “blandos”) “no hay mal que por bien no venga” y no les salió tan mal del todo la jugada porque, en una carambola inesperada, la figura del Rey salió reforzada (engañosamente, por supuesto) de cara a la  opinión pública (a pesar de la sospechosa “tardanza” de Su Majestad en “parar el golpe”) y los verdaderos actores políticos de un golpe de clara inspiración militar salieron por la puerta de atrás sin hacer ruido….tanto que volvieron, inmediatamente, por la puerta principal a ocupar sus escaños en el Congreso.

Sepultado mediáticamente el 23-F la desmemoria colectiva y el falseamiento y tergiversación de los hechos impulsada por la clase política heredera del golpe y sus rastreros plumíferos (esos cuyo único y prodigioso argumento es tildar de “conspiraciones” o “conspiranoicos” a los que cantan las miserias del estercolero de Estado), fue pasto del ciudadano medio de este país.

22-M. La violencia de los herederos de Suárez

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                                 Encapuchados muy organizados cerca de los furgones policiales

En la orgía desenfrenada de despedidas, frases solemnes y laudatorias, ceremonias católicas de Estado con aroma a nostálgico franquismo (del que tanto bebió el ex camisa azul fascista, hoy entronizado “demócrata” de postín, Adolfo Suárez) se entrometió de por medio una mosca cojonera nada agradable para las élites borbónicas: la marcha por la Dignidad del 22-M, que iba exigiendo lo mismo (o parecido) que muchos luchadores demócratas reclamaban a los entonces fascistas de la “transición”: pan, trabajo y libertad, ésta última hoy día en las manos efectivas de los banqueros y la policía, ya que la calle y nuestros dineros, como todo el mundo sabe, son “suyos”. Los herederos del pacificador demócrata Adolfo Suárez (el de los más de cien muertos asesinados durante su etapa de “conciliación” con los criminales a los que sirvió) optaron, de nuevo, por los infiltrados policiales y sus siniestras marionetas desinformativas para deformar, manipular, apalear y reventar una manifestación como en los mejores tiempos de la “transición” suarista. También, los represivos, colateralmente, se han dejado ver en la universidad, esta vez en la Complutense, donde han actuado exactamente igual que lo hacían los esbirros “grises” de Franco, para no variar.

La marcha por la Dignidad ha sufrido la acometida de un régimen que está dispuesto a todo con tal de amarrar a un sistema podrido y en descomposición, desde la fétida monarquía hasta el último matón-opinador televisivo que se pasea chulesco por esas infames  tertulias, donde las cadenas monárquicas de diferentes siglas e idéntico ideario se rifan siempre a los mismos tertulianos-babosos ultraderechistas. El 22-m por la Dignidad debía ser reventado como en otras manifestaciones precedentes y, además, debía serlo con especial e inusitada violencia. Una vez más se han puesto en escena, posiblemente, infiltrados-encapuchados de la policía de Cifuentes para organizar altercados y promover la contra-violencia de los asistentes al 22-m. Este juego macabro de los “infiltrados”, que es muy habitual entre las policías de Occidente, ha tenido su origen en EEUU e Israel, donde han sido maestros en la implantación de este tipo de terrorismo callejero.

La violencia es una herramienta de lucha política legítima si los violentos de Estado actúan contra el pueblo. Las barricadas y otras formas de resistencia suelen ser una respuesta a la violencia policial o a las injusticias sociales. Pero si hay algo indubitado es que la característica o denominador común de las últimas manifestaciones masivas contra las políticas neoliberales y neodictatoriales del PP ha consistido en ofrecer una cara reivinidicativa de matiz exclusivamente pacífico. Ocurre que para la mafia política que nos gobierna este pacifismo no puede ser tampoco tolerable y hay que dinamitarlo para transmutarlo en violento, utilizando para ello los encapuchados de todos conocidos, quienes han generado-forzado unos incidentes puestos en bandeja para sus siervos mediáticos.

El papel de los medios parapoliciales ABC, La Razón, Libertad Digital, ELPAIS, La Sexta, RTVE, A3, ElMundo, etc,… siento decir que ha sido, nuevamente, una invitación al linchamiento más descarnado. La repugnante uniformidad de estos sicarios del régimen monárquico para falsear, omitir, camuflar, mutilar y criminalizar ha alcanzado cotas del peor y más crudo franquismo. La premeditada desinformación acerca de la violencia policial de Madrid el 22-m pasado es otra muestra de como se pueden amañar imágenes, falsear cifras, engañar vilmente a la opinión pública y mentir  bajo las órdenes de sus amos políticos. Se han publicitado hasta la extenuación, calculadamente, imágenes de policías acorralados siendo atacados por presuntos manifestantes (encapuchados, vaya por dios); policías que han sido presuntamente golpeados vemos como caen abatidos; imágenes de “reventadores”, todos con capucha, en la avanzadilla de la violencia contra la policía, sin siquiera cuestionarse desde esas tribunas falsimediáticas si eran o podían tratarse de policías de paisano…o, en fin, unas incrédulas e inventadas afirmaciones de un supuesto miembro del Samur que dijo oír a unos manifestantes “dejarles morir”, en referencia a unos supuestos policías heridos. Un “reality” poco creíble, cocinado al gusto de las mentiras oficiales, mientras a la víctima se la ha convertido en verdugo por decreto. Por otra parte, la cobertura en sí de la manifestación del 22-m ha resultado exigua o inexistente y manipulando, desvergonzadamente, la cifra de asistentes. Había que recurrir a la cadena rusa RT, o similares, para encontrar algo de decencia informativa.

A pesar de que un manifestante perdió un testículo por la violencia policial (impacto de una pelota de goma dirigida a hacer el mayor daño posible) testimoniando que “un grupo de policías infiltrados fueron los que los provocaron para disolver tal cantidad de manifestantes”, apenas encontró eco en los medios al servicio de la represión. A pesar de que existen testimonios de personas que afirmaban que los encapuchados les incitaban a destrozar las lunas de los bancos..A pesar de que los antidisturbios montaban un numerito “deteniendo” a los encapuchados como en el 22 de septiembre del año pasado, donde se demostró fehacientemente que alguno de ellos era de los suyos. A pesar del burdo montaje policial sobre una supuesta muleta-espada utilizada por los “violentos”….A pesar de que la Guardia civil registraba como si de un control “antiterrorista” se tratase autobuses de los participantes del 22-m. A pesar de que la policía de Cifuentes disolvió a porrazo limpio la manifestación antes de finalizar según lo acordado …desde los medios de extorsión y propaganda la única mención ha sido la consigna pre-establecida  de “violentos manfestantes”.

La realidad de lo que nos cuenta toda esta ponzoña mediática es bien distinta. Había que programar, desde las cloacas del Estado, una manifestación lo más violenta posible para seguir amedrentando y coaccionando a los disidentes de la partitocracia borbónica. Mientras los lobotomizados borregomatrix despedían al líder de una “transición” ejecutada sobre sangre obrera/estudiantil y los enajenados por unos cuantos tuercebotas multimillonarios aplaudían en el circo romano del negocio sucio del fútbol, otros eran apaleados y perdían incluso sus partes en la brutal refriega policial. La batalla del Estado español contra el 22-m (y otras reivindicaciones anteriores y las que vendrán) no es más que otra estrategia de sabotaje y tensión que guarda similitudes con la de Gladio terrorista de la CIA, Cesid, OTAN, MI5 de los años ochenta, sólo que ahora usando el terrorismo de baja intensidad como arma coactiva para neutralizar y apartar a la gente de las protestas contra los mercaderes del gangsterismo político-financiero.

Los crímenes de la democracia ‘suarista’

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El cuerpo de la estudiante Yolanda González (secuestrada y, asesinada de un tiro en la cabeza) en 1980 por el ultraderechista Emilio Hellín, hoy asesor de la Guardia CIvil

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                                                                                 Yolanda González

Después de escuchar al coro de aduladores oficiales y mantenedores de la corrupción borbónica glosar las bondades del “forjador” (ELPAIS) de la democraCIA española, Adolfo Suárez, convendría hacer un repaso por esos puntos, o más exactamente esos agujeros negros, que conformaron el mandato del fallecido ex presidente del gobierno, el “timonel” de la “transacción” española. Estas cosas poco “amigables”, ya se sabe, suelen empañar y aguar la fiesta (en este caso, funeral) de los discursitos plañideros, realizados bajo lacitos negros televisivos, por parte de los neofascistas de ayer y de hoy.

Hace ya muchos años, en los setenta, en la amañada “transición” franquista, siendo yo un alevín con cierto interés por la agitada vida política de entonces me fijé en una leyenda escrita en una pared cualquiera: “Democracia+Suárez = homicidio”. La verdad es que no entendí mucho el significado de una pintada tan radicalmente “agresiva”. Pero con el análisis frío de los hechos, conocidos a posteriori, pensé que se trataba de una ecuación cargada de razones puesto que en las calles del Estado español se había estado ventilando la verdadera democracia, no en los salones golpistas del CESID (hoy CNI), en el Congreso de los diputados o en las cúpulas dirigentes de los partidos llamados mayoritarios, que fueron los perpetradores que evitaron a toda costa la ruptura con la dictadura franquista. Y lo hicieron a precio de sangre y fuego.

ARTURO RUIZ

El estudiante Arturo Ruiz, asesinado por las FOP

MARI LUZ NÁJERA

Mari Luz Nájera, estudiante asesinada por las FOP

JAVIER VERDEJO

Francisco Javier Verdejo, estudiante asesinado por la Guardia Civil por escribir en una pared “Pan, trabajo y libertad”

Durante el mandato de Adolfo Suárez se produjeron los ataques más escalofriantes y criminales por parte de quienes habían servido diligentemente al régimen de Franco: las fuerzas de seguridad (policía y guardia civil) así como por sus mamporreros asesinos de extrema derecha (Fuerza Nueva y afines, quienes gozaron de una tolerancia casi exquisita por el gobierno Suárez y los aparatos policiales). La violencia  estatal y paraestatal se desató contra manifestantes pacíficos, resistentes, huelguistas o simples viandantes que se estaban dando cuenta del fraude que se estaba maquinando con la “transición”. El saldo represivo del terrorismo de Estado “suarista”, como señala Alfredo Grimaldos en su libro La Sombra de Franco en la Transición, fue de más de cien muertos, en el período que va de 1976 a 1980 (una amplia relación de víctimas puede encontrarse en su libro). Fue un ataque frontal contra la línea de flotación de las luchas populares para desactivar el verdadero cambio de la dictadura a una democracia no servil con los poderosos. Grimaldos deja bien claro el talante democrático del gobierno Suárez y de sus esbirros de Interior Rodolfo Martín Villa o Ibañez Freire : Muchos de los muertos y heridos en la calle durante la segunda mitad de los 70 tienen alrededor de 20 años. La violencia estatal, parapolicial y ultraderechista de la Transición se ceba, de modo especial, en los jóvenes que pelean por la ruptura democrática, golpea  con saña a quienes intentan provocar un profundo corte histórico con el franquismo. Arturo Ruiz, Mari Luz Nájera, José Luis Montañés, Emilio Martínez, Jesús María Zabala, José Luis Cano, Juan Carlos García, Javier Verdejo, Yolanda González…son algunos de los nombres que lucharon y dejaron su vida en las calles de la democracia homicida de Suárez. Lo peor es que ni siquiera hubo responsabilidad criminal de policía alguno en estas muertes, dejando un tenebroso vacío de impunidad judicial en una “democraCIA” que estaba modelándose al gusto de EEUU y los neofranquistas.

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Rodolfo Martín Villa, fascista siempre, la mano derecha represiva de Adolfo Suárez

Mientras Suárez y sus travestidos fascistas celebraban la consecución de la ley de la Reforma Política, moría asesinado un joven llamado Angel Almazán Luna a manos de la policía, solamente por manifestarse en pro de la abstención contra dicha reforma. Así transitaba la “verdad democrática” en el naciente régimen borbónico-neofranquista. Como señala Grimaldos en su libro, nada se hizo para esclarecer aquélla muerte como en prácticamente en el resto de asesinatos policiales e incluso en los de las bandas fascistas que operaban al cobijo policial, salvo algunas condenas de fachada que quedaron luego en la nada. La orgía represiva del gobierno Suárez alcanzó cotas de una criminalidad inusitada en todos aquellos años: desde la muerte de Germán Rodríguez en los sanfermines de 1978 a manos de la policía hasta la brutal tortura y posterior muerte del preso anarquista Agustín Rueda también a manos de sus carceleros, en la prisión exterminio de Carabanchel, pasando por las muertes de los estudiantes José Luis Montañés y Emilio Martínez asesinados a balazo limpio por las FOP (Fuerzas de Orden Público) durante una manifestación en contra la Ley de Autonomía Universitaria, celebrada en diciembre de 1979. Y así decenas y decenas de luchadores anónimos (de nuevo ver el libro de Grimaldos) que fueron objeto de la crueldad de una mistificada “transición” realizada a golpe de sable militar, asesoramiento de la CIA y control férreo de los antiguos franquistas. Una “transacción” que fue diseñada para aplastar a la izquierda (no estamos hablando del entregado y siniestro PCE carrillista y la socialdemocraCIA felipista, obviamente). Y vaya como se ejecutó: a golpe de balazos, pelotazos de goma mortales, torturas, asesinatos de Estado, pistoleros fascistas al grito de “viva Cristo Rey” e impunidad judicial.

El hoy reverenciado Adolfo Suárez y su escudero represor Martín Villa (premiado años más tarde por PRISA como presidente de Sogecable y luego alto directivo de Endesa) se encargaron de liquidar todo vestigio de rupturismo dejando en las calles un reguero de sangre, la de los verdaderos demócratas que no admitían el obsceno pasteleo que estaban urdiendo (o “consensuando”, según el eufemismo pactado por las élites reformistas) desde las pocilgas franquistas. “Lo nuestro son errores, lo de los otros son crímenes”, recitó el criminal, sin reparar en que esos errores homicidas estaban a cargo de antiguos fascistas (como él) reconvertidos mágica e inmaculadamente a demócratas.

Adolfo Suárez y el gran fraude de la ‘transición’ española

libroGrimaldosLaSombra de Franco en la transición

Con cuidadoso y pre-programado aparato publicitario se está haciendo un anticipado obituario de Adolfo Suárez, la cara política más “encumbrada” de aquello que se dio en llamar “transición española”, un pucherazo político que urdieron la CIA, franquistas travestidos (como el propio Suárez), protegidos políticos de la policía franquista como Felipe González o déspotas ávidos de trincar en la nueva democracia como Santiago Carrillo. Suárez será recordado después de su fallecimiento (ya están los cortesanos, escribanos y aduladores de la transición-estafa lanzando profusión de oropeles y ditirambos), como el arquitecto de la transición española cuyo “mérito” principal fue (cito textual) “contribuir decisivamente a una Transición democrática pacífica, sin grandes traumas”. Lo primero es evidente que resultó una completa patraña, puesto que la izquierda (los resistentes antifranquistas de verdad) fue castigada brutalmente por la policía de Suárez hasta proceder casi a su aniquilación, tanto en las calles como infiltrando a saboteadores en las formaciones políticas, además de ejecutar actos terroristas de Estado con elementos policiales o parapoliciales (Batallón Vasco-Español, asesinato de Yolanda González por el hoy asesor de la Guardia civil, Emilio Hellín, etc). De lo segundo, la ejecución de una “transición sin traumas”, decir que es una obviedad que los que verdaderamente entraron sin trauma alguno en la “democracia” fueron los elementos del aparato represor franquista (y ex falangistas de fachada amable como el propio Suárez) quienes salieron indemnes de cualquier contingencia penal. Muchos de ellos, criminales (y no me refiero a  amnistiados del 77), siguieron ocupando puestos relevantes en la policía, en la judicatura o en la política.

La tan vomitivamente cacareada “transición” modélica  fue un completo engaño pactado, entre otras muchas cosas, para imponer a un rey que había nombrado Franco como su sucesor, para apaciguar a los militares menos ultraintegristas, pero igualmente franquistas, para salvaguardar los delitos cometidos por la dictadura y para seguir fortaleciendo a un clero que había gozado de incontables prerrogativas jurídicas y simbólicas con el nacionalcatolicismo franquista. La “transición” o “transacción” fue vigilada, no sólo por los militares sino por los propios políticos franquistas que fueron los que hicieron posible un cambio de régimen en el que no se ajustase cuentas para ellos mismos. Una ley de punto final no escrita, puesto que la Constitución ya se encargó de dar fe notarial de una oportuna amnesia histórica.

Por supuesto, no faltó la tutela fundamental y decisiva de una estrella invitada con título de actor principal en todo el proceso de desmemoria, de olvido de los crímenes del franquismo, para dar cobertura formal a una “democracia” sin sobresaltos “izquierdistas”: EEUU, el fidelísimo aliado de Franco. Así pues, España debía rendir pleitesía a EEUU y a la OTAN, a la que se iba a integrar, sí o sí. Y quien mejor que la CIA para reclutar a ex franquistas, “socialistas” y ex “comunistas” con un sólo objetivo: centrifugar y dinamitar a la izquierda más combativa para borrar cualquier vestigio “revolucionario” o de ruptura con la dictadura. Cualquier desactivación “revolucionaria” era fundamental para consolidar la gran farsa ideada por EEUU, el Vaticano, Adolfo Suárez, Felipe González, Santiago Carrillo y todos sus secuaces.

No cabe duda alguna de que EEUU y su brazo armado la CIA, además del Vaticano, estuvieron al tanto (interviniendo activamente, para entendernos) de todo lo que aconteció en las altas cloacas del “reformismo” en los años previos a la muerte del dictador y en los posteriores, incluido el golpe de Estado del 23-F de 1981. La transición debía de ser, sobre todo, anticomunista, tal como la habían diseñado EEUU y sus comilitones en el interior del Estado español (Cesid incluido). Para ello dispusieron de una bien medida estrategia de tensión utilizando a la banda terrorista de la OTAN, Gladio (en unión de elementos ultraderechistas españoles) para ejecutar algunos de los crímenes más conocidos de este país (Montejurra, asesinato de los cinco abogados laboralistas de Atocha en 1977).  Una de las premisas que se gestaron bajo la batuta norteamericana en la dictadura franquista, a cuenta de una futura transición,  es que España debería estar integrada en la órbita occidental a la muerte de Franco. Lo explica muy bien Julián Zubieta en este artículo:

En el famoso Contubernio de Múnich (1962) se pusieron en contacto el antifranquismo en el exilio y los movimientos antifranquistas del interior del país. Las negociaciones incluían las intenciones de Alemania, Francia, Italia y USA que necesitaban integrar plenamente a España en sus estructuras económicas y militares. La coyuntura anticomunista necesitaba todos los remos y la nave española navegaba al ritmo que imponían los dirigentes mundiales. Estos hechos nos indican que la Transición no fue dirigida ni ideada aquí, por lo menos, tanto como nos lo han hecho creer. En 1974, las Juntas Democráticas negociaron la Transición, fue un proceso dirigido por las élites políticas del franquismo, que cooptaron a los reformistas de izquierdas al proceso. Manuel Vázquez Montalbán defendía que “los sectores sociales que ganaron la guerra civil volvieron a ganar en la Transición empleando a los reformistas del franquismos y a los reformistas de la izquierda”. Desde 1953 la baza de seguir con la monarquía dinástica estaba aprobada, el único cambio que Franco propuso, y que fue aprobado, fue cambiar a Juan de Borbón (tildado de moderado) por Juan Carlos (amamantado por él). Luego, la banalización de la dictadura se ha transformado en naturalización histórica del franquismo y de su transición.

Como señala Alfredo Grimaldos, uno de los mayores desfalsificadores de la “transición”, Adolfo Suárez, fue el peón elegido para comandar el pastiche democrático de forma circunstancial. Un mediocre ex falangista puesto de forma ocasional que cuando no fue del gusto de los verdaderos poderes fácticos (incluido EEUU) fue obligado a dimitir. Suárez no fue más que un ex franquista con fecha de caducidad (Grimaldos, dixit). La democraCIA suarista fue el espejo de lo que querían los EEUU: un régimen modelado al gusto del imperio donde predominó el pactismo con las oligarquías sindicales y de partidos y el aplastamiento con saña homicida de las movilizaciones y las luchas populares. La transición fue un fraude, un apaño, un contubernio donde el franquismo transmutó convenientemente a democracia  porque ya se lo habían señalado desde el exterior, su gran aliado EEUU. Por eso ahora Suárez es vanagloriado hasta la náusea por toda esa pléyade de corruptos cretinos políticos y medios de manipulación masiva. Porque ellos formaron parte o son herederos de aquellos lodazales franquistas, de los que Suárez fue su partícipe principal.