Los inversores respiran con alivio tras los resultados del 24 de mayo

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El titular de esta entrada no es mío sino del periódico del Pentágono, ELPAIS, que lo hace también suyo, faltaría más (en el sentido que todos conocemos). La delincuencia organizada financiera, dicen los escribanos del imperio prisaico, está moderadamente eufórica porque sus socios políticos biparticidas, esos que legislan contra la mayoría, han salvado, mal que bien, el escollo electoral y, lo que es más importante, sigue a buen recaudo la maquinaria expoliadora del terrorismo financiero, las plusvalías mil-millonarias del IBEX35 y una futura amenaza de, asómbrense, el partido del Coletas, Podemos. Una formación cuyo objetivo programático no va más allá de esa asepsia formalista-burguesa de querer “desbancar” al PP del poder para ocuparlo ellos y hacer más o menos lo mismo.

Ninguna referencia de Podemos a desbancar al sistema, por supuesto, ni tampoco acabar, mediante hechos concretos y contundentes, con la corruptocracia imperante, liquidar el sistema de vasallaje al imperio, promover la inhabilitación de la monarquía española, limpiar a fondo la judicatura, los servicios de inteligencia y la policía o derogar las leyes que posibilitan la persecución contra los movimientos político-sociales. Nada de nada, como es y era previsible. Los demás triunfadores son la calcamonía de los anteriores…ex socialistos resentidos prestos a pactar con la casta de siempre (los suyos) para que veamos lo progretas que son, en Madrid, BCN o Nafarroa Euskadi Da…que tanto da.

Pablemos no ha defraudado, pero casi…se lo tenía creído. El amiguete del capitalismo con rostro “humano”, herramienta de disidencia controlada escorada hacia la socialdemocracia, estaba en todas las plegarias  de  los mercados de especuladores, quienes tenían el modo pánico en “stand by” ante la previsión de que el chiringuito del Coletas marcara un “sorpasso” de órdago y se pusiera al frente del nuevo régimen triparticida español. Al final la chulería del presentador de La Tuerka y sus secuaces (que pregonaban un más que engreído ascenso meteórico al poder, como si ya lo tuvieran marcado o predeterminado) se ha quedado algo capidisminuida y pillarán algo del pastel corruptocrático de las autonosuyas y hay-untamientos, pero menos de lo que esperaban.

Los terroristas financieros de los oligopolios bancarios y empresariales que tutelan el régimen otánico español, con esto, han respirado aliviados. Y uno no para de preguntarse el por qué y a cuento de qué. Si es que están haciendo más teatro que Carreto o es que nos quieren tomar por el pito de un sereno, que diría un castizo añejo. Dice uno de los mercenarios de Wall Street en ELPAIS que el peor escenario para los inversores hubiera sido que Podemos hubiera alcanzado una representación al mismo nivel de los dos grandes partidos (PP y PSOE). Qué latosos son joder…siguen con la monserga catastrofista y cataclísmica del fenómeno Podemos como si fuera un ariete del leninismo y de la vanguardia proletaria que anda al asalto del Palacio de invierno del IBEX35. Un poco de lástima si que dan, la verdad. Hasta el ministro de tebeo ese que llaman Margallo ha tenido que salir en defensa del truño podemita afirmando que Podemos no representa un peligro para la ‘democraCIA‘”, en respuesta a los delirios de la condesa fascista madrileña. Podemos es sistema monárquico y casta. Si alguien quiere alguna prueba más que pase por caja.

A ver, PPSOE, lo sabemos, son los subordinados del FMI y los sátrapas financiero-sionistas, los garantes de la corrupción, el clientelismo, el lacayismo ante la OTAN, EEUU e Israel y las medidas represivas contra trabajadores y el activismo político disidente. Pero de ahí a considerar a Podemos como un escenario amenazante para los intereses de estos delincuentes…es lo mismo que decir que Merkel simpatiza con la Internacional (comunista). Podemos no iba a mover un dedo en contra de esos “inversores”. Si acaso dar un brochazo con medidas supuestamente sociales y pintar de otro modo las relaciones con los mercaderes del tinglado gran capitalista, pero sin mayores alarmas ni dramas para el régimen clientelar español. De hecho, el tenderete de Iglesias y sucedáneos afines ya está poniendo en marcha, el día después del botellón electoral, el “pactismo” y el pasteleo intentando converger con los partidos precisamente culpables de galvanizar la corrupción y el gangsterismo de Estado, como es el caso del PPSOE. Si esto no es una estafa política (para los correligionarios del “cambio”), me pregunto que coño es. Diría que un cambiazo a la isidoriana.

Esos tipos de Goldman Sachs y de la Bolsa o la Vida sabemos que buscan la seguridad y el blindaje de sus intermediarios políticos ultraconservadores y socialderechistas antes que prestarse a cualquier sobresalto con nuevas formaciones que respiren “aroma” a “ultraizquierdismo” (sic). Así que el panorama no puede ser más boyante para los imperialistas económicos. En realidad, ya lo era…llegara o no a la cúspide del poder el teleñeco Iglesias. A pesar de los pesares, ya se hacen cálculos en las pocilgas financieras sobre cómo intentar librarse del espantajo podemita: “Si trasladamos estos resultados a las elecciones generales, Podemos no obtiene más allá de un 10% de los votos, lo que significa que los partidos tradicionales y proeuropeos siguen dominando”, afirmanMenos mal, Iglesias ya los iba a meter a todos en un Gulag.

Para rematar el circo del miedo “podemita”, otros sicarios del crimen organizado, los ya mentados Goldman Sachs,  echan un balón de oxígeno al partido del Rivera, el Ciudadanos, por si acaso: “Los resultados de Ciudadanos pueden ayudar a compensar parte de la amenaza a una mayor integración en Europa y contribuir a que España complete su propio ajuste económico”. Lo cierto es que el neoliberalicida Ciudadanos tampoco ha sacado demasiado provecho en las urnas de su tirón mediático (apadrinados como lo han sido por la extrema derecha financiera), así que no puede ser tampoco un clavo ardiendo al que agarrarse esa mafia bursátil. Ya disponen de unos cuantos y no están, precisamente, quemando.

Amenazas veladas, estrategia de tensión y ajuste vil-económico sobre los de siempre. Esas son las recetas que sirven como primer paso para esas otras que llegarían, más adelante, bien “calentitas” si es que algún político rebelde (no precisamente Iglesias) tuviera la audacia de poner en jaque los intereses de esas corporamafias: es decir, falsas banderas, campañas de desprestigio, miedo, intimidación, chantaje y extorsión, activación (en su caso) de las cloacas del Estado mediante “recados” concretos de Washington…No van a tener problema alguno, a larguísimo plazo.

Quién te creías que ganaba estas “elecciones”. Los de siempre. Esto que llaman democracia se escribe, se rotula y se firma en los despachos de los grandes complejos financieros y lobbys empresariales. Con la CIA siempre vigilante ante cualquier “zarpazo populista”.

El cártel de Holly-CIA-wood (2): el espionaje norteamericano se emplea a fondo en la “Meca” del cine

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Dice John Rizzo, ex asesor legal de la CIA, que la agencia de espías de Langley (Virginia), la sede la inteligencia norteamericana, “siempre ha tenido una relación especial con la industria del entretenimiento, dedicando considerable atención al fomento de las relaciones con Hollywood, sus ejecutivos, productores, directores y actores de renombre”. En el pasado se sabe que la CIA ya había contado con la flor y nata de la extrema derecha cinematográfica de EEUU. John Ford, John Wayne y productores como Cecil B. de Mille, Walt Disney o Darryl Zanuck estuvieron “asesorados” por la CIA. Esto lo cuenta la historiadora Tricia Jenkins en su libro The CIA in Hollywood: How the Agency Shapes Film and Television (La CIA en Hollywood, cómo la Agencia moldeó el cine y la televisión). La guerra fría fue el escenario idóneo para abrir una agenda cultural, literaria y audiovisual al margen de las operaciones clandestinas que la CIA estaba ejecutando contra la URSS y el resto de los países socialistas y, también, en el marco de una guerra más “caliente”, actuando con el Gladio anticomunista de la OTAN.

Dentro de ese frente, la CIA llegó incluso a subvencionar directamente algunas películas adaptadas de obras literarias, como fue el caso de la inglesa Rebelión en la granja, de George Orwell, un intelectual troskista que le vino como agua de mayo al imperio para sacar partido de su conspiranoia anticomunista. Orwell había fallecido recientemente pero la CIA se puso en contacto con su viuda para dar forma final a su sátira sobre el “totalitarismo”, de manera que pareciese un panegírico enteramente anticomunista (aunque ya lo era en origen, la obra de Orwell pretendía hacer equilibrismos ideológicos entre el nazismo y el comunismo). Incluso otra escritora, como la inglesa Frances Stonor Saunders, en su libro La CIA y la guerra fría cultural, describe como la CIA, en su delirio anticomunista, incluso financió algunas de las “primeras exposiciones de pintura expresionista abstracta fuera de los Estados Unidos para contrarrestar las obras del Realismo Socialista de Moscú”.

El expansionismo de la CIA en Hollywood se  “oficializó” a mediados de los años noventa cuando la Agencia decidió colaborar abiertamente en las películas de Hollywood. Los investigadores Matthew Alford y Robbie Graham ya citaban un informe de la propia CIA, de 1991, en el que señalaban que la Agencia se movía muy bien entre los medios de aborregamiento masivos de Yankilandia (Washington Post, New York Times, CNN, NBC, ABC) ya que tenía en nómina a periodistas de, prácticamente, todos los principales oligopolios mediáticos norteamericanos, tanto escritos como audiovisuales, para monitorear que tipo de información tenían que subrayar, favorable, por supuesto, a las tesis belicistas del imperio. Habría que decir que aquí, en España, no hace falta ser muy perspicaz para afirmar que ha ocurrido exactamente lo mismo. Los tentáculos de la inteligencia española y el Ministerio del Interior están en los principales medios de  propaganda, con sus respectivos agentes mediáticos a sueldo (ElPaís, ABC, LaRazón, El Mundo, etc), quienes moldean una “opinión” favorable para según qué intereses le convenga al Estado.

Se ha hecho, pues, más que evidente que “Hollywood es realmente la otra cara de la CIA” o, más bien, habría que decir que es una de sus múltiples caras. No hay que olvidar que desde el fin de la guerra fría la visión estadounidense del mundo sigue siendo la misma, con el mismo calendario imperialista y el mismo maniqueísmo manipulador: antes, la satanización correspondía a los pérfidos comunistas. Ahora es Rusia y Putin, los chinos, los norcoreanos, los iraníes y, cómo no, los terribles árabes musulmanes del Estado Islámico, licenciados en terrorismo por las universidades de EEUU e Israel. Con la particularidad, eso sí, de que ahora es la propia CIA la que supervisa las producciones cinematográficas que pueden ser más afines a los intereses y la propaganda de Washington.

En los últimos años se ha realizado en HollyCIAwood cine basado en hechos reales o de ficción (con guiones de contenido bélico o predominantemente de espionaje)  el cual ha sido premiado generosamente en esa ceremonia fatua, previsible y estúpida como son los Oscar. Como hace años lo fueron deplorables alegatos a favor de la guerra (Vietnam) como El Cazador de Michael Cimino o esa otra apología militarista disfrazada de existencialismo de perra gorda, llamada Apocalypse Now, de Coppola, los medios materiales con los que han contado las modernas películas de guerra han corrido a cargo del Pentágono. Por otro lado, el guión no ha sido escrito en una habitación cualquiera de un hotel o un estudio, sino en el cuartel general de la CIA, en Langley. Y es que según Robert Baer, ex agente de la Agencia americana, “existe una simbiosis total entre la CIA y Hollywood”. Para que luego digan algunos que se recurre a la “conspiranoia” (las palabras de Baer están recogidas en el libro de Jenkins, arriba citado). Fuentes de primera mano para los fans de las mentiras oficiales.

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JOHN RIZZO

¿Qué papel juegan, en el engranaje orquestado por la CIA en Hollywood, actores, cantantes, guionistas, productores o directores? Según John Rizzo muchas celebridades de la industria del entretenimiento, sobre todo de Hollywood, llevan a cabo actividades de inteligencia mientras están en el extranjero. Rizzo lo deja bien claro, “las personalidades de Hollywood son glamurosas, por lo que tienen acceso a personas en el extranjero a las cuales el Gobierno de EEUU no podría acceder. Algunas de estas celebridades, incluso, ofrecen sus servicios gratuitamente movidos por impulsos patrióticos”. Verdaderamente enternecedor (o estremecedor) si no fuera porque esos “artistillas” de pacotilla, ídolos de barro y chivatos con glamour (los del período clásico al menos si tenían “glamour” de verdad), que idolatran las mentes simples de medio mundo, están sufragando operaciones de eliminación de opositores políticos, grupos terroristas creados por la CIA o golpes de Estado cruentos en terceros países. Este es el patrioterismo que muestran unos tipos que dicen ser, en algunos casos, “liberales” (en el sentido americano “liberal” es ser progresista, lo cual tiene su gracia) pero que no deja de ser una fachada que esconde un pensamiento reaccionario y, por tanto, fascista muy al estilo de lo que gente como Gary Cooper o Elia Kazan hacían en la “caza de brujas” anticomunista de sesenta años atrás (delatar a sus colegas de profesión).

La hegemonía ideológica dominante en la industria de Hollywood es, por otra parte, la que lidera el lobby judío-sionista, quien controla de forma masiva el negocio del cine y la televisión y donde cualquier mínima discrepancia hacia las políticas etnicistas del Estado de Israel o el injerencismo político-militar exterior de USA supone poner en riesgo la carrera profesional del discrepante, tanto el que haga declaraciones públicas como el que se atreva a plasmar obras cinematográficas críticas con los hijos de Sión. El “despistado” Javier Bardem, que tuvo el poco “tacto” de cuestionar la operación militar-terrorista de Israel en Gaza hace un año, ejecutada después de una falsa bandera sionista con el supuesto asesinato de tres estudiantes judíos, ya sabe como se las gastan en Judenwood. El actor español fue “reprimido” verbalmente de forma muy dura por el conglomerado de sicarios “hollywoodienses” del sionismo (como fue el caso del ultra Jon Voigt, el padre de la morros de pato Angelina Jolie, entre otros), por lo que Bardem tuvo que “rectificar” sobre la marcha o muy probablemente se iba a quedar con lo puesto, sin pedigrí hollywoodiense y de vuelta a España a trabajar con Almodóvar (y quien sabe sin también con McNamara).

Eduardo Solórzano señala que la obsesión estadounidense por crear en sus ciudadanos la existencia de enemigos ha descompuesto todo lo que ha tocado y Hollywood es su cómplice. El primer objetivo ha sido construir generaciones de ciudadanos jóvenes y niños, temerosos de que su país sea invadido por otros, justificando desde siempre todo acto de saqueo. Una obsesión, diría que premeditada, con el ánimo de construir su particular dictadura totalitaria del miedo y ahogar bajo la bota imperial cualquier voz disidente. Y Holly-CIA-wood ha sido una oportuna correa de transmisión de todo ello. Tanto que Solórzano incluso deja caer, con ácida ironía, una serie de recomendaciones para cualquier aspirante a actor-fetiche en la “meca del cine” americano:

Si usted alguna vez busca trabajar en Hollywood debe tomar en cuenta lo siguiente:

  1. Demostrar que el régimen estadounidense siempre triunfa en  toda operación militar, de espionaje o virtual inclusive.
  2. Demostrar que sus elementos operativos son los mejores del mundo y nadie supera su inteligencia, fuerza, sabiduría y valentía.
  3. Demostrar que las guerras pueden ser duras, aunque siempre el desenlace es favorable a quienes intervinieron a favor del “mundo libre”.
  4. Demostrar que la realidad no puede ser superada por la ficción, pues lo que hacen sus agentes es real y superior a la ficción misma.
  5. Demostrar que Hollywood es “imparcial”, sin vínculos políticos, sino objetivo y que muestra la verdad como producto de la creatividad artística.

El “progre” Bardem ya se está haciendo una idea de ello  

Hermann Abendroth, aquel Bruckner de la vieja escuela

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                                                       Hermann Abendroth

El alemán Hermann Abendroth (Frankfurt Am Main, 1883- Jena (RDA), 1956), fue un extraordinario director de orquesta, equiparable en muchos aspectos al mitificado Wilhelm Furtwangler e incluso diría que superior. Abendroth fue un integrante de la “vieja escuela” directorial cuyas características más notables se podrían resumir, además de en la economía gestual y en el movimiento de la batuta, en la fidelidad a lo “escrito” por el compositor, es decir, fue un objetivista por naturaleza. En definitiva un arquitecto de la tradición. Estas fueron las credenciales de Abendroth en todos los repertorios que abordó que fueron muchos y buenos (sólo hay que escuchar su Brahms o Beethoven, para comprobarlo). Versiones brucknerianas, las suyas, de ritmo pausado pero sin llegar a la languidez cercana al sopor en que incurría el venerado rumano Sergiu Celibidache, por citar al más sobrevalorado de los santurrones brucknerianos.

Un director, Abendroth, que dirigió en el Este con bastante asiduidad, sobre todo en la URSS. Pero en el Oeste, en concreto en la Alemania neonazi occidental, Abendroth estuvo vetado para dirigir ya que no le perdonó su “excesivo” apego al comunismo (le gustaba dirigir en el país de los soviets, qué le vamos a hacer) y, claro está, no tuvo la misma fortuna discográfica que otros grandes de la batuta como el citado Furtwaengler, Hans Knapperbutsch, Karl Böhm, Herbert Von Karajan o Clemens Krauss…directores nazis que utilizaron su filiación al Partido Nacionalsocialista para algo más que usarlo como trampolín de sus respectivas carreras musicales. Nada más terminar la Segunda guerra mundial esos directores fueron rehabilitados prontamente por las autoridades políticas del Oeste, haciendo borrón y cuenta nueva sobre su pasado, por lo que tuvieron su gran oportunidad de ser lanzados al estrellato musical y de los estudios de grabación. Los discos de Abendroth, mucho más marginales y menos numerosos, se registraron en el sello Eterna, de la RDA. Es lo que tenía la guerra fría cultural promovida por el IV Reich imperial, con sede en Washington.

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       Hermann Abendroth, en el centro, rodeado por miembros de la recién fundada por él Orquesta de Cámara de Colonia, en 1933

La Quinta Sinfonía de Bruckner, en Si bemol mayor, es tal vez la más difícil  de “escuchar” del austríaco. Monumento (al aburrimiento dirán algunos) compositivo que puede hacerse eterno, ‘ladrillaco’ y repetitivo para el melómano no especialmente adicto a la música del fervoroso y beato Bruckner, mientras que para otros, simplemente, la Quinta es una “genialidad bruckneriana del contrapunto”, como una de las virtudes que lleva aparejadas esta sinfonía catedralicia por excelencia de Anton Bruckner. Con esta densísima sinfonía (y su inspirada Novena) Abendroth logra una visión casi ascética, pero sin gangas místicas adicionales. Una lectura ejemplar, sobria, acorde con el espíritu de la sinfonía, nada retórica, algo que se puede advertir ya en el Primer movimiento, el extenso Adagio-Allegro, de exposición firme y austera, aunque al mismo tiempo Abendroth juega con un acertado equilibrio (natural) de las proporciones y las dinámicas. Un discurso de “fe bruckneriana” impulsado por una apabullante lógica constructiva, fenomenalmente resuelto en la categórica coda final. El movimiento Segundo, Adagio, objetivo y profundo, es de los mejores resueltos en la discografía de Anton Bruckner, de una belleza inobjetable. Una fusión entre lo diáfano y lo lírico. Del Scherzo Abendroth resalta su sentido de la amplitud y la ya mencionada claridad contrapuntística. El cuarto movimiento es una especie de repetición-recapitulación del primer y segundo movimientos, utilizando idénticos motivos musicales –inicio en pizzicato de las cuerdas- sobre una variación de los mismos, alcanza la máxima expresión del contrapunto. La aproximación del director alemán brilla por su capacidad intuitiva, concentrada y llevada con un pulso excelente. Tal vez se eche en falta algo un poco de tímbrica más depurada, achacable a una orquesta que no es el colmo del refinamiento precisamente y tampoco el sonido “mono” ayuda, claro.

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Y es que si de sonido y ejecución orquestal hay que hablar…puede que aquí esté la pega de mayor consideración a la hora de escuchar este registro con todos los pronunciamientos “favorables”, cuestiones ambas que a muchos les puede resultar cuanto menos “incómodo”. El sonido, ya se ha dicho, es monoaural (grabación del 27 de mayo de 1949, en Leipzig, RDA), aunque para el reprocesado se haya hecho todo lo posible para que estuviese libre de todas las saturaciones y contaminaciones sonoras propias de la época. Pero vamos a ser claros: se oye “feo” para unos oídos acostumbrados al “stereo” y mil gangas sonoras de hoy en día día. La orquesta (la Sinfónica de la Radio de Leipzig, ya desaparecida y reconvertida por la Alemania reunificada, en su revanchismo por borrar el pasado cultural de la RDA, en una cosa llamada MDR) no era una “prima donna” (ni siquiera segunda) de las formaciones orquestales del Este (en Leipzig la Gewandhaus siempre fue la primera orquesta de la ciudad), aunque Abendroth supo sacar un partido inmejorable a la misma. No obstante, hay momentos en que sus ejecutantes se nota que actúan al límite…algo apurados (metales, sobre todo, donde la exigencia bruckneriana es muy alta) con los consiguientes desajustes (leves) en algunas notas. Pero simplemente hay que ponerse a escuchar música, con mayúsculas, sin mayores formalismos…Sin desmerecer a la orquesta de Abendroth, años más tarde, con Herbert Kegel y el mismo repertorio (Bruckner), esta orquesta alcanzó mejores cotas, ya con sonido stereo, donde la ejecución de sus instrumentistas era mucho más depurada, precisa y transparente. Pero, repito, el sonido mono tampoco es de mucha ayuda. Con todo, música y director de los de “antes”.

Y aquí los fragmentos de turno de la Quinta sinfonía de Anton Bruckner, por Hermann Abendroth, al frente de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Leipzig:

1er. movt. Adagio-Allegro, de un total de 22’07”

2º movt. Adagio, de un total de 17’14”

3er. movt. Scherzo-Molto vivace, de un total de 13’29” 

Ecos del setenta aniversario del Día de la Victoria de la URSS contra el nazismo

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A Rusia, en su día Grande, la celebración del Día de la Victoria contra la Alemania nazi, le quisieron aguar la fiesta esa piara de caricatos y delincuentes internacionales que representan a Wall Street y a los dictadores financieros, haciendo, finalmente, el vacío a Putin y al pueblo ruso. Pues, digo yo, bendito haya sido ese boicot, la verdad. Porque tener al lado, en la Plaza Roja de Moscú, a criminales que en la práctica son de la misma catadura que los soldaditos de plomo de las SS a los que fundió el Ejército Rojo…era como para “potar”, sinceramente. Los jefes de Gladio, de la OTAN y de las invasiones con miles de muertos civiles justificaron su “no asistencia” debido a que Putin, dicen, es el nuevo demonio de Occidente.

Oigan bien, todo ello después de que los neonazis ucranianos pagados por la CIA y la OTAN tomaran al asalto cruento el Palacio de Invierno de Kiev y echaran del poder al débil socialdemócrata Yanukovich. Fíjense que hasta en Crimea (antiguo territorio ruso) se echaron las manos a la cabeza y, viendo el “pogrom” que se les venía encima solicitaron, con buen criterio, urgencia y democráticamente, su unión a la Federación Rusa. En el Este de Ucrania tampoco lo vieron claro y también se levantaron en armas contra los golpistas auspiciados por las democracias terroristas de Occidente, lanzando una ofensiva en la que, con escasos pero efectivos medios de guerra, han dejado bastante en ridículo a los esbirros militares y paramilitares del dictador chocolatero Poroshenko, ese pelele sanguinario de Obama, Merkel y Bruselas.

Tiene gracia, pero el boicot contra Putin ha tenido sus orígenes en el golpe de Estado de Maidan, donde los auténticos desestabilizadores del tablero ucraniano, esos que van blandiendo la causa de la “democracia” por el Mundo a golpe de crímenes de guerra imperialistas, movilizaron a sus violentos para ejecutar un “putsch” a las puertas de Moscú. Y hay que joderse, pero Putin resulta que es el causante de todo este desaguisado ucraniano. A ver…aquí hay algo que no funciona. La CIA y John McCain mueven los hilos del terrorismo callejero en Kiev, colocan a una dictadura chocolatera que luego derriba un avión civil de pasajeros con el soporte logístico de la OTAN (otra falsa bandera), envían cientos de neonazis de Europa al Este de Ucrania a perpetrar matanzas indiscriminadas como la de la Casa de los Sindicatos de Odessa, la Alianza Atlántica pone a disposición de la Junta golpista su arsenal de guerra para ejecutar atrocidades contra la población civil en Donetsk, Lugansk o Donbass. Pero Vladimir Putin, hermanos, es el que ha montado todo el sarao ucraniano, el que “derribó” un avión malasio en el espacio aéreo del vecino país, el que apoya a las milicias antifascistas del Este de Ucrania y el que “invadió” Crimea anexionándola. Lo dicen los telediarreos, Falsimierda y EEUU y la Europa de los mercaderes, que no tienen vergüenza. Además de criminales patológicos utilizan la mentira como arma de manipulación masiva.

Sin título9633Estos tipos, sus antecesores y sus historiadores palmeros neoconservadores son los que han venido deformando la realidad de la II Guerra Mundial en las últimas décadas, intentando minimizar, ocultar y sepultar el descomunal logro histórico de la URSS contra el nazismo, programando una deliberada amnesia que ya es, definitivamente, revisionismo al más puro estilo nacionalsocialista. Tal vez por ello le hacen tantos ascos a celebraciones como las del Día de la Victoria y, para contrarrestarla, se dedican a glosar, por ejemplo, los “crímenes” de los rusos en Berlín, como ha hecho estos días de atrás la BBC de la Pérfida Albion (sí, esa respetable bazofia mediática del Reino Unido que dio cobijo a un maníaco psicópata como Jimmy Savile). Claro, qué van a decir en la corrupta y apolillada monarquía británica si todavía andan escocidos con los cinco exquisitos y grandiosos espías de Cambridge (Kim Philby y compañía) que dejaron en cueros al espionaje británico para dar buena cuenta de la Gran Bretaña a la KGB. Un medallero de honor para esos otros cinco “héroes antifascistas”.

En fin, pero por dios, qué es eso de sacar a la calle simbología soviética (lo que realmente les duele) y “fanfarronería” militar. Pues mala suerte pero ya pueden ir buscando dodotis para el año que viene, que buena falta les va a hacer. Porque la cosa seguirá como hasta ahora: celebrando el hito histórico que se adjudicó la URSS, prácticamente en exclusiva…a un precio, eso sí, altísimo. En fin, este revisionismo no es nuevo. En realidad ¿qué es y qué ha sido Europa, la llamada Europa “democrática”, sino un estercolero de fascismo con rostro humano?

En RT (sí, Russia Today, el canal de Putin) nos recuerdan la tergiversación nada sutil de la historia que se ha hecho desde Occidente, para relativizar al máximo la gesta soviética y entronizar las batallitas de los americanos en la Europa nazi, donde fueron a última hora con militares fascistas como Patton, pactando con la mafia en Sicilia y casi con la nariz tapada. Javier Carrasco, el fenomenal periodista español de RT, da un repaso de órdago en dos documentales (videos de abajo) a esos palanganeros que pretenden “reescribir” la historia subrayando cómo el desprecio hacia los soviéticos, desde sus dirigentes hasta las masas trabajadoras. Algo que ha estado latente en películas y libelos antisoviéticos propagados sin descanso desde el Oeste.

Paul Craig Roberts (el ex asesor de Ronald Reagan, pasado a la disidencia) es una de las mentes brillantes de los USA y remacha la tesis del periodista de RT sobre el carácter imperialista de EEUU al terminar la guerra y cómo éste país salió fortalecido económica y militarmente para elaborar una estrategia de agresión contra la URSS arguyendo falazmente que los soviéticos tenían planes expansionistas para hacerse con toda Europa. Una gran mentira goebbelsiana que sirvió para establecer redes terroristas con mercenarios nazis rehabilitados por la CIA y un hostigamiento permanente a países como Hungría, Checoslovaquia, Polonia y la RDA, donde se organizaron sabotajes y se ayudó a grupos opositores violentos para provocar el caos político. Al final, en los Acuerdos de Potsdam, el único garante de los mismos fue Jose Stalin y los que ya estaban preparando la guerra fría, Truman y Churchill, simplemente, los incumplieron. Los documentales señalan acertadamente cómo EEUU, eliminado el competidor nazi por el control geoestratégico de Europa, quiso sacar músculo enviando un recado a los japoneses con el crimen masivo contra la Humanidad de Hiroshima y Nagasaki. Se trataba, sobre todo, de hacer una seria advertencia a la URSS de Stalin que, magnificadamente, se la empezaba a demonizar como una potencia poco menos que ávida de sangre y territorios. El paranoico proyectaba sobre los demás su propia paranoia. El III Reich hitleriano daba paso al IV Reich imperial de EEUU.

Ante tamaña desvergüenza occidental en contra de Rusia y su historia se ha perdido el foco de quien era el enemigo de forma intencionada, dice Javier Carrasco. ¡Por supuesto! Los mismos que toleran expresiones fascistas y manifestaciones neonazis en Europa (¿se acuerdan de la quema de casas de refugiados inmigrantes en Alemania con la más que sospechosa autoría intelectual del BND, el servicio de espionaje que se creó con nazis de la Alemania merkeliana?) son los que pretenden borrar el papel jugado por el Ejército Rojo en la II Guerra Mundial. Así que Rusia antes fue culpable y ahora mismo sigue siendo culpable, como sentenció aquel nazi de alpargata llamado Serrano Súñer. Eso sí, Euro-América sigue patrocinando a los suyos, a los modernos nazis que arrasan Donetsk o Donbass, a los Stepan Bandera del siglo XXI.

La pretendida balanza falsificadora de equiparar a la Rusia soviética con la Alemania de Hitler es una impostada floritura ideológica ultraconservadora que ya lleva muchos años en los libros de “historia” con el objeto de ensombrecer las prácticas políticas de quienes han legado el mismo proyecto imperial, con matices, del nazismo. Quienes han compartido idéntica visión totalitaria geoimperial. Quienes, definitiva, tuvieron a los nazis a las puertas y se las dejaron abiertas al finalizar la II Guerra Mundial.

El último 1º de Mayo multitudinario en Alemania del Este. ¿Por qué se hundió la RDA seis meses después? (1)

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Recordando la pantomima sindical española de hace unos días (el festivo 1º de Mayo) me vienen a la  memoria algunas cosas. Por ejemplo, que los Primero de Mayo en la RDA nada tenían que ver con las celebraciones paripé de países capitalistas como España, donde unos sindicatos amaestrados (a golpe de talonario público) por un poder subordinado a los mercados han venido escenificando una farsa reivindicativa (al gusto de empresarios y banqueros) desde que EEUU autorizó la democraCIA española. La corrupción sindical ha venido aparejada a la política y en eso de pactar contrarreformas laborales y acuerdos sobre empleo-basura los dos principales sindicatos del país (UGT-CCOO) han ido dejando varias puñaladas traperas por el camino. De la “transacción” franquista a la democracia del IBEX35 tan sólo hay un trecho.

Sólo hay que ver qué clase de infectos dirigentes han medrado en esas oligarquías sindicales y cómo han culminado su carrera sindical yendo de abrazafarolas del neoconservadurismo, en particular, los que estuvieron al mando del sindicato ex comunista CCOO. Ahí tenemos a José María Fidalgo, mamporrero de honor de la fundación facha-FAES del PP e íntimo amigo de Aznar y otro ex jerifalte de CCOO, Antonio Gutiérrez, engrosando las filas del PsoeGAL. Los dos máximos representantes de los trabajadores estaban volcados totalmente con el “libre” monetarismo capitalista de los mercados de valores, mientras se exprimía como limones, o se dejaba en la calle, a miles de “curritos” a diario. ¿Alguien acierta a explicarse cómo el afán desmovilizador y entreguista de estos dos deleznables parásitos sindicales fue especialmente intenso cuando gobernó el PPSOE, o lo que es lo mismo, el Zapaznarato? Del otro sindicato, UGT (más conocido como Unión General de Timadores) sus prácticas corruptas han tenido bastante más éxito que sus teatrales “huelgas generales”.

Bien, volvamos al pasado. El 1 de mayo de 1989 se celebraron en varias ciudades de la RDA (República Democrática de Alemania) marchas masivas, reivindicativas, especialmente coloristas, todas ellas con un marcado carácter festivo. Sólo en Berlín Oriental hubo más de medio millón de personas (la televisión oficial germano oriental cifró la asistencia en más de 700.000) desfilando por la Karl Marx Allee (que creo todavía se llama así) perpendicular a la histórica avenida Unter der Linden). En otras ciudades de la RDA el Primero de Mayo fue igualmente masivo: en Cottbus asistieron 80.000 personas, en Dresde casi 300.000, en Erfurt 160.000, en Karl Marx Stadt (hoy llamada Chemnitz) cerca de 200.000, en Leipzig 300.000, en Magdeburgo 170.000, en Neuebrandenburg 50.000, en Potsdam, en Rostock 100.000 y en Halle 200.000, etc.

Destacaría de todas ellas una leyenda, en una pancarta de la manifestación de Berlín, que nada hacía presagiar lo que sucedió tan sólo unos pocos meses después. Rezaba así  Kampf gegen den neonazismus in der BRD Verpflichtung aller demokratischen kräfte (es decir, La lucha contra el neonazismo en Alemania Federal es una obligación de todas las fuerzas democráticas). Sin duda, esa leyenda no fue premonitoria pero sí sintetizaba de la mejor manera posible qué clase de vecino tenían los germano orientales. Ese neonazismo fue, final y lamentablemente, el que volteó (ayudado por la disidencia interior), seis meses después y de forma abrupta, al Estado de obreros y campesinos nacido de la II Guerra Mundial, refundiendo las dos Alemanias en una sola a las órdenes de EEUU y la OTAN. La división de Alemania parecía estar firmemente consolidada cuarenta años después. A pesar de que en el pasado los pronunciamientos en favor de la reunificación, como estricto país neutral, hechos desde la URSS por Stalin y dirigentes de la RDA como Walter Ulbricht, fueron desoídos tanto por Alemania Federal como por su tutor político, EEUU, dos países a los que sólo interesaba hacerse con el botín de la RDA a cualquier precio mediante una campaña de acoso y derribo sin precedentes en Europa.

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                           Berlín, 1 de mayo de 1989. Todos estaban con la RDA

Al margen de las cifras de asistentes al 1 de mayo de 1989 en la RDA, que en estos casos suele ser un elemento muy subjetivo y objeto de engorde o desinfle, según el prisma político de cada cual, o de que las mismas estuvieran “dirigidas” por el SED (Partido Socialista Unificado), lo cierto es que la asistencia de los ciudadanos de la RDA a las convocatorias del Día del Trabajo fue abrumadora y, ciertamente, muy entusiasta (el que quiera que se de una vuelta por el video de más abajo). Manifestaciones bastante superiores, en número, por cierto, a las opositoras que le siguieron en octubre y noviembre de ese mismo año y que desencadenaron el fin de la RDA. Marchas antisocialistas que, básicamente, estuvieron orquestadas desde “fuera” del país aunque en ellas también había miembros de base del SED o la FDJ, quienes sólo demandaban, de partida, mayor transparencia democrática en las autoridades gobernantes y forzar la salida de los actuales dirigentes.

Es de suponer que nunca pretendieron, esas bases socialistas del SED, la disolución de la RDA y menos acabar con el sistema socialista sino reformarlo, aunque luego se entregaron totalmente a la liquidación de la RDA, al calor de los golpes involucionistas que provinieron de dentro de la jerarquía del SED (Gregor Gysi, Lothar Bisky o Hans Modrow, entre otros jerifaltes) y la URSS del vendido Gorbachov. Qué diferencia ¿verdad? Los dirigentes germano orientales, aunque traidores a sus ideales, entregaron el poder a los capitalistas de forma pacífica, mientras que en América Latina las asonadas golpistas que patrocinaron EEUU y sus socios de Europa Occidental contra la izquierda se hicieron con miles de opositores exterminados.

Esos grupos “disidentes” u “opositores” de la RDA se reunieron (ya se ha explicado en otras entradas) en torno al ya conocido y “neutro” nombre de Nuevo Foro, un conglomerado donde cabía de todo, desde neofascistas a ultraliberales pasando por socialdemócratas reformistas del SED partidarios, o no, de la anexión a la RFA y los inevitables troskistas, como fuerza de choque anticomunista, todos comandados, desde dentro de la RDA, por la reaccionaria iglesia protestante, encabezada por el cura anticomunista Joachim Gauck (el que es, hoy, presidente de Alemania) y desde fuera de la RDA monitoreados coordinadamente por la CIA y el gobierno de Alemania Federal. Si la oposición al entonces presidente de la RDA, Erich Honecker, hubiera sido tan fuerte y masiva como nos contó la propaganda de Occidente, el 1 mayo de 1989, el Día del Trabajo, la presencia de ciudadanos de la RDA no sólo hubiera sido minoritaria, o menos concurrida de lo que fue, sino que se hubieran producido, de una u otra manera, movilizaciones o protestas en diverso grado de intensidad.

Entonces..¿qué análisis cabe deducir de todo lo que ocurrió en el breve lapso de seis meses? ¿Qué interpretación histórica cabe hacer de un país, la RDA, que se atomizó en cuestión de semanas o días de forma y manera casi repentina? La simpleza propagandista del Oeste ha recurrido a los tópicos anticomunistas de la guerra fría para describir el vertiginoso proceso de implosión de la RDA. Se diría que muchos de los miles de asistentes a las masivas manifestaciones del 1 de mayo de aquel año transmutaron meses después en enfervorecidos unionistas en pro del capitalismo de la RFA ¿O es que fueron obligados a asistir poco menos que a punta de pistola por la Stasi (el servicio secreto de la RDA) o por los cuadros del SED y la FDJ (la Juventud Libre Alemana)?. Los argumentos de los palanganeros del Pentágono podrían ir en este último sentido, pero la realidad es más compleja de cómo nos la han pintado durante estas dos últimas décadas esos “agit-prop”, quienes, por otra parte, suelen esconder, bajo el tapiz democrático, los asesinatos de la CIA en Siria, el golpe de Estado de Maidan o bien hacen mutis por el foro ante las falsas banderas de la OTAN, la CIA y el Mossad.

El relato de la caída del Muro y la anexión de la RDA a la RFA no se explican por una o varias “espontáneas” manifestaciones antigubernamentales, ni por los estereotipos anticomunistas de determinados historiadores o plumíferos a sueldo de Falsimedia,  si no se incardinan en su contexto histórico los factores externos involucionistas que no fueron ajenos a aquellos acontecimientos, antes, durante y poco después de la mediática caída de la barrera antifascista alemana.

España 2015: decenas de hospitales públicos siguen llevando nombres de vírgenes y santos ¿Hasta cuándo doctor Esperpento?

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España es un país dado a continuar las tradiciones cavernarias o atávicas más absurdas y supersticiosas, sobre todo si tienen un contenido mitológico-religioso asociado al culto católico. No es exclusivo de aquí, pero sí resulta una de sus peores señas de identidad que, desde luego, debería formar parte, a todos los efectos, de eso que llaman marca España, horterada de nuevo cuño nacionalfranquista que se inventaron los del PPSOE para picar a los “indepes”, no más. El rancio costumbrismo aldeano español consiste en ver desfilar a la Inquisición en las calles (las procesiones, para entendernos) durante una odiosa semana que despide aroma a ejecuciones y torturas medievales, asistir a espectáculos taurinos donde un animal es objeto de toda suerte de maltrato físico (mientras el circo romano aplaude la desdicha del animal) o bien celebrar verbenas integristas tipo Xacobeo o la ofrenda de Estado al “Apóstol” Santiago. Todos ellos, por supuesto, debidamente oficializados y publicitados desde organismos e instituciones públicas, ya sea dotándoles de legalidad mediante festividades religiosas, reglamentos-decretos gubernamentales (la carnicería taurina) o bien declarando el “interés turístico” de turno (desfiles procesionales, etc).

No por menos relevantes, estarían en el lote de la devoción casposa otros espectáculos “menores”, algunos de ellos de mero contenido simbólico pero con mucha carga religiosa de fondo, con tal, claro está, de mantener activo al parasitismo católico (via montantes dinerarios con cargo al Estado). Por ejemplo, las romerías o ese abochornante vodevil de condecoraciones y/o nombramientos a determinadas vírgenes como “alcaldesas” perpetuas, algo que debería provocar arcadas a quien siga considerándose integrante de la especie humana. En similar tesitura se puede englobar “patronazgos” a cargo de distintos fetiches religiosos (el patrón, la patrona o la patraña) de instituciones públicas (funcionarios militares o civiles, incluidos médicos). El esperpento es verdaderamente indigno.

Ya, en extremos todavía más grotescos, nos encontraríamos con “tradiciones populares” verdaderamente repugnantes como el lanceado Toro de la Vega, donde una suerte de salvajes terroristas, protegidos por la Guardia civil, se dedican a acribillar cruelmente a un toro hasta la muerte. Animal, parece ser, que no “siente” ni “padece”. Detrás de toda esta vergüenza andan políticos de uno u otro signo, pero siempre proceden de la misma mala raza, la bipartidista (PPSOE), curiosamente, los más corruptos y delincuentes en cuarenta años de democraCIA. Y si no son los anteriores les reemplazan marcas locales “asépticas” que dicen ser grupos políticos “independientes”, que son iguales o peores. Las nuevas estampitas clónicas de los anteriores, Podemos y Ciudadanos, tienen la oportunidad de demostrar que ellos también pueden…defender la “tradición”.

Porque, ésta última manda y en vez de educar y desprogramar a esa mesnada de patanes primitivos, la partitocracia, nuestra “intelectualidad” política, está más pendiente de sacar los suculentos y rentables votos clientelistas. De lo contrario, la chusma no perdona, es sabido. Y si hay que tirar una cabra desde un campanario de una iglesia, bendecida por la sotana correspondiente, la tradición debe continuar. Da igual, yendo a la cuestión mollar de la simbología religiosa, ahí tenemos el reiteradamente incumplido artículo 16.3 de la Santa Constitución española que establece que “ninguna confesión tendrá carácter estatal”. Una prueba de esto es la religiosidad del Estado en las decenas de hospitales públicos que llevan nombres provenientes del santoral católico. Nadie sabe a cuento de qué centros médicos de la red pública de salud española, donde se investiga bajo el riguroso método científico, esto es, alejado de cualquier dogma teológico supersticioso, está honrando mitos aberrantes de una creencia que está vinculada a una determinada confesión religiosa. Uno, que suele compatibilizar, en su rutina diaria, medicina complementaria (suplementos vitamínicos o herbales, es decir, medicina bien entendida con mínimos estudios clínicos) y la convencional (aunque en menor medida) no por ello deja de demandar (lo uno no quita lo otro) que en la sanidad pública se haga inexcusable suprimir mitos que están asociados a la superchería e imaginería religiosa.

El problema es ¿por qué los médicos, o sus plataformas directivas, no han propuesto el cambio en la denominación de esos centros hospitalarios? ¿Tal vez se trata por esa vieja adscripción ideológica opusdeista y ultracatólica que profesa una parte de la clase médica española? ¿Cuántos centros hospitalarios públicos llevan el nombre de un científico especialista en medicina o cualquier otra materia científica? Juraría que el Ramón y Cajal madrileño, algún franquista como Gregorio Marañón, que defendió el golpe de Estado de 1936 y pare usted de contar…Bajo el disfraz de Complejos Hospitalarios Universitarios hay decenas de hospitales y clínicas con nombres de santos y vírgenes que han sido tomados de una religión (la católica) que no debería tener presencia alguna en el ámbito público y ya no digamos en el espacio científico-sanitario o, mismamente, en el educativo (la escuela concertada).

Para colmo del despropósito incluso, sin tener relación con el catolicismo pero vinculado a él, un hospital del Estado sigue llevando el nombre de un genocida franquista: el General Yagüe, en Burgos, que no fue precisamente médico sino promotor del terror fascista en la guerra civil española (en Badajoz, concretamente), con miles de muertos en su haber; y, hasta no hace mucho, el Hospital de A Coruña se llamaba Juan Canalejo (a nombre de otro probado criminal falangista). ¿Alguien se imagina en Alemania un hospital con el nombre de alguno de los criminales de guerra más odiosos del III Reich, como Heinrich Himmler o Adolf Eichmann? Sólo puede explicarse esta ominosa permanencia, cuarenta años después y en plena “democracia”, si los mandarines municipales o estatales de turno profesan la misma fe fascista que el asesino en serie de Badajoz. 

Finalizando con el sarao católico-sanitario. Para mayor desvergüenza, hospitales de relativamente reciente creación (como el de La Rioja, 2007) tuvieron la genial idea de bautizarlo (o rebautizarlo) como San Pedro. Ni siquiera la sanidad privada es tan pródiga en hacer uso del revival de nomenclatura fundamentalista religiosa del que hace gala la sanidad pública. ¿Para cuándo una “transición” democrática en los nombres de los hospitales públicos españoles?

EL LISTADO DE HOSPITALES, RESIDENCIAS Y CLÍNICAS PÚBLICAS DE LA VERGÜENZA:

ANDALUCÍA

La Inmaculada (Almería)

Santa Ana (Granada)

Virgen de las Nieves (Granada)

San Agustín (Jaén)

San Juan de la Cruz (Jaén)

Virgen de la Victoria (Málaga)

Virgen del Rocío (Sevilla)

Virgen de la Macarena (Sevilla)

Virgen de Valme (Sevilla)

San Juan de Dios (Sevilla) 

REGIÓN DE MURCIA

Virgen del Castillo

Virgen de la Arrixaca

Santa María de Rosell

Santa Lucía

MADRID

San Carlos

Niño Jesús

Santa Cristina

Virgen de la Poveda

Virgen de la Torre

CASTILLA LA MANCHA

Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (Albacete)

Santa Bárbara (Puertollano, Ciudad Real)

Virgen de Altagracia (Manzanares, Ciudad Real)

Virgen de la Luz (Cuenca)

Virgen de la Salud (Toledo)

Virgen del Valle (Toledo)

Nuestra Señora del Prado (Talavera de la Reina, Toledo)

EXTREMADURA

Perpetuo Socorro (Badajoz)

San Pedro de Alcántara (Cáceres)

Virgen de la Montaña (Cáceres)

Virgen del Puerto (Plasencia, Cáceres)

CASTILLA Y LEÓN

Nuestra Señora de Sónsoles (Ávila)

Santiago Apóstol (Miranda de Ebro, Burgos)

San Telmo (Palencia)

Virgen de la Vega (Salamanca)

Virgen del Castañar (Salamanca)

Santa Bárbara (Soria)

Virgen del Mirón (Soria)

Virgen de la Concha (Zamora)

Santa Isabel (León)

ASTURIAS

San Agustín (Avilés)

GALICIA

Santo Cristo de Piñor (Orense)

Santa María Nai (Orense)

Nuestra Señora de Cristal (Orense)

PAÍS VASCO

Santa Marina (Bilbao)

San Juan De Dios (Santurce)

NAVARRA

Virgen del Camino (Pamplona)

LA RIOJA

San Pedro (Logroño)

ARAGÓN

San Jorge (Huesca)

Nuestra Señora del Carmen (Zaragoza)

Obispo Polanco (Teruel)

Nuestra Señora del Pilar (Zaragoza)

San Juan de Dios (Zaragoza)

San Juan de Dios (Teruel)

Nuestra Señora de Gracia (Zaragoza)

Santo Cristo de los Milagros (Huesca)

Sagrado Corazón de Jesús (Huesca)

San José (Teruel)

CATALUÑA

Sant Pau (Barcelona)

Sant Joan de Deu (Esplugues de Llobregat)

Sant Joan de Deu (Manresa)

Santa Caterina (Girona)

Santa María (Lleida)

Joan XXIII (Tarragona)

CANARIAS

Nuestra Señora de la Candelaria (Tenerife)

El cártel de HollyCIAwood (1): patrioterismo, propaganda de guerra y fascismo

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Hollywood ya no es lo que era, aunque tal vez nunca lo fue, puesto que la llamada edad “dorada” del celuloide en Yankilandia estuvo (y mucho) tan contaminada de propaganda imperialista como el reciente cine del Tío Sam. Acabo de ver un documental que me lo recuerda. Habla sobre la penetración de la CIA en Hollywood, algo  que ya venía, por otra parte, de antiguo aunque entonces era menos conocido y perceptible que ahora. Habría que remontarse, para hacer una analogía razonable, hasta el Código Hays de los años treinta o el Comité de Actividades Antiamericanas (en inglés, HUAC) y sus chivatos a sueldo, en los años cuarenta. Entonces, era el más mediático FBI, el del fascista Edgar Hoover -el director de los federales-, quien se encargó de propagar la “guerra sucia” en contra del Hollywood “rojo” con tal de encontrar, como fuese, “comunistas” en todas las aristas de los estudios “hollywoodienses”. Los informes de la Oficina Federal, plagados de citas de delatores, incriminaron (entre otros), a actores bien conocidos y respetados como Frederic March, Paul Muni, John Garfield o Edward G. Robinson.

La sección anticomunista del FBI se encargó de que actores, escritores, guionistas, magnates y directores ejercieran la delación por “principios” y, también, para conservar su reputación y, lógicamente, su trabajo. Según Ryan Wadle, que cita un libro de John Sbardellati (J. Edgar Hoover Goes to the Movies: The FBI and the Origins of Hollywood’s Cold War –J. Edgar Hoover va a por el cine: El FBI y los orígenes de la Guerra Fría en Hollywood):  Dos factores ayudaron a la campaña de Hoover (el entonces jefe del FBI) para erradicar la subversión en Hollywood. En primer lugar, Hoover había seleccionado personalmente a los nuevos agentes del FBI y siguió supervisando la contratación de los mismos a largo de su carrera, lo que significaba que el FBI y sus integrantes debían reflejar la cosmovisión patriotera y paranoica de Hoover. En segundo lugar, Hoover comenzó a investigar a sospechosos de “subversión comunista” en Hollywood sin notificarlo a sus superiores en el Departamento de Justicia. La combinación de estos dos factores permitieron a Hoover llevar a cabo una vigilancia sin precedentes  en la industria estadounidense del entretenimiento.

El cine social, y no la delirante y fantasmágorica “sovietización de EEUU a través de Hollywood”, que tanto pregonaba la ultraderecha norteamericana, empezaba a resultar “peligroso” para el sistema de “valores” estadounidense. Resultaba demasiado antiamericano y subversivo el retratar la “problemática social estadounidense”. La penetración comunista en Hollywood no fue tal, sino que la verdadera invasión en territorio americano fue la presencia de miles de criminales de guerra nazis que, terminada la II Guerra mundial, entraron a formar parte de la CIA y el complejo militar-industrial.

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El gran actor John Garfield, asesinado por el Comité de Actividades Antiamericanas, eso sí, “a su manera”.

Precisamente, el gran mérito del cine clásico, o una determinada época del mismo (años 30-40), es que jugó de forma certera con elementos que dejaban muy al desnudo las miserias de la sociedad norteamericana, la corrupción de sus instituciones, el salvajismo de su sistema carcelario y las mil y un caracterizaciones de personajes maleantes, malencarados, perdedores y “femmes fatales” en el brillante, oscuro y siempre vivificante cine “noir”, primero muy abiertamente (años treinta) y luego más sostenidamente (años venideros). Pero lo cierto es que por cada película con sabor a derrota del “american way of life” aparecían como setas glorificaciones imperiales a cargo de John Ford y otros tipos que cantaban las “gestas” del “buen americano medio”, aunque fuese a costa de triturar indígenas en serie y elevar a la categoría de héroes a forajidos (Murieron con las botas puestas), o bien vendernos cuentos de navidad con aroma a gazmoñería ultraconservadora (Qué bello es Vivir). Las comedias (sobre todo, las musicales) también sirvieron a este fin. Había que proyectar, en lo posible, un modelo de sociedad basada en el capitalismo y en unas instituciones “intachables” donde la ley y el orden, la familia y la propiedad privada estuvieran por encima de cualquier otra contingencia, además de incluir tics ideológicos tan habituales como “este es un país libre”. Criticar a los ricos o retratar la miseria social eran cosas del bolchevismo que no se podían tolerar.

La Segunda Guerra mundial fue uno de los detonantes del cine propagandístico americano. Hitler era la amenaza y luego llegó Japón con Pearl Harbor. Pero la exacerbación panfletaria vino, precisamente, tras el fin de la guerra contra el nazismo. Empezaba la cacería contra el “comunista” (real o inventado) en Hollywood y fueron cayendo víctimas (unas cruentas, como John Garfield, quien afirmó -debido probablemente a las presiones- que él jamás fue comunista -su mujer, Roberta Seidman, si lo era- pero no delató a los que sí conocía que formaban parte del “ala comunista” de Hollywood, por lo que fue perseguido hasta la muerte) otras llevadas al ostracismo (Hanns Eisler, al igual que Bertolt Brecht, ambos exiliados en la RDA, Charlie Chaplin, refugiado en Europa, Herbert Biberman etc). Entre medias un grupo de “notables” del cine (Humphrey Bogart, su mujer Lauren Bacall, Henry Fonda, Paul Henreid, Edward G. Robinson, Gene Kelly, Myrna Loy, William Wyler, etc) intentaron dar la cara por los “acusados”, oficialmente, Diez de Hollywood, pero, finalmente, salieron echando pestes de ellos ante lo que podría caerles encima, hoz y martillo incluidos, no sea que se quedaran fuera del circuito y fueran privados de sus piscinas –Orson Welles, dixit-.

El cine de izquierdas fue abortado por el FBI y el Comité macarthista y más de 300 autores (cineastas, músicos, escritores o actores) fueron vetados, por la extrema derecha anticomunista, para trabajar en la industria del cine. Al mencionado John Garfield le acosaron sin tregua, después de haber descartado al cómico Danny Kaye y a Edward G. Robinson, otros sospechosos de simpatizar con Pepe Stalin. Lo del “descarte” lo contó la propia hija de Garfield, quien manifestó que un representante del HUAC pidió la cabeza de uno de los tres actores mencionados a los jefes de los estudios de Hollywood, para “aislarle” convenientemente. Lo consiguieron llevando, de forma indirecta, “al otro barrio”, al gran John Garfield.

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Humphrey Bogart y Lauren Bacall, con Danny Kaye al fondo, protestando ante las sesiones del HUAC contra los Diez de Hollywood

Este “toque de atención” al “rojerío” americano certificó la defunción del cine independiente y de contenido “social” en EEUU, que volvería tímidamente a asomar a mediados o finales de los años sesenta pero siempre haciéndolo de forma marginal en comparación con los proyectos cinematográficos que ya estaban siendo financiados y asesorados por la CIA y el Pentágono, los que real y mayoritariamente llegaban al espectador del Tío Sam. Las comedias musicales o las obras de contenido “bíblico” también eran otra forma de propaganda (de calidad en algunos casos, Sinué el Egipcio, Ben-Hur) y proliferaron junto a varias patochadas anticomunistas en los años cincuenta, para extenderse hasta el final mismo de la guerra fría. Entre un pacifismo bien visto (Senderos de Gloria), arriesgados alegatos antirracistas (No Way Out, 1950, Joseph Mankiewicz) o parodias de humor (Teléfono Rojo, volamos a Moscú) bien toleradas, se encontraban alegorías belicistas como Boinas Verdes (John Wayne) en los años sesenta e incluso la entronizada Apocalypse Now (del megalómano Coppola) en los setenta o buenrollistas (engañosas) como el Platoon de Oliver Stone en los ochenta. Todas no dejaban de mostrar al espectador que EEUU mandaba y ordenaba, militarmente, en el mundo, aunque las dos últimas no incurrieran en el estrépito  grotesco de engendros fascistas como Amanecer Rojo (John Milius), El Sargento de Hierro (Clint Eastwood), Desaparecido en Combate (Chuck Norris), Delta Force (Lee Marvin) o la infecta saga Rambo.

No debemos olvidarnos, tampoco, de subproductos de variado pelaje de los años setenta y ochenta donde ya se empezaba a demonizar a los árabes masivamente y a vanagloriar a Israel, retratando a los musulmanes como despiadados villanos en producciones que versaban sobre secuestros y ataques terroristas de falsa bandera. Películas como Domingo Sangriento, Entebbe o los pestiños judío-sionistas de turno, algunos de ellos patrocinados por un dúo muy prolífico en aquellos años (Menahem Golan-Yoram Globus) son algunos de esos ejemplos, mientras que las películas sobre catástrofes (el serial “setentero” de los aeropuertos, pirañas, tiburones y terremotos) tenían un efecto menos perceptible pero muy parecido a la casquería anticomunista de turno: se trataba de inocular el miedo al ciudadano norteamericano desde una vertiente ideológica camuflada de “entretenimiento”.

Y es que Hollywood, en toda su historia, no ha hecho otra cosa que, por una parte, plasmar en el cine (y luego en TV) las “buenas y necesarias” políticas estadounidenses en el exterior (demonizando hasta lo grotesco a sus enemigos) y, por la otra, promover su cosmovisión interior del “american way of life” para consumo propio pero también, cómo no, a través de sus mecanismos neocolonizadores, con la idea de expandirlo fuera del territorio norteamericano. Lo demás es creer en la inocencia infantil de una industria que, mayoritariamente, ha estado y está destinada a vender ideología y a respaldar el sistema que representa. Con estos presupuestos, la CIA, como afirma la escritora Tricia Jenkins, entró en Hollywood, entre otras cosas, para influenciar al público extranjero.