Motín en el Pabellón 11, otro ladrillo en el muro

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Visto que hacer de barrendero de spam es tremendamente fatigoso (y también de los troles que no me olvidan y recuerdan que tengo que montar un club de fans de Bruno Cardeñosa) hagamos un alto en el camino (que diría el ya olvidado butanito) y pasemos, de nuevo, a las esencias cinéfilas. Los dramas carcelarios siempre han dado mucho juego en el cine (sobre todo) de Hollywood aunque, en cierta forma, se hayan repetido los mismos patrones cinematográficos en todos ellos a lo largo del tiempo.  No siempre con destellos de calidad (especialmente en los últimos treinta años) pero, en cualquier caso, nos han dejado historias siempre tensas, tremendamente realistas, efectistas en algunos casos, cargadas de poderosa fuerza dramática en otros, pero sobre todo han sido, en buena parte, un vehículo de denuncia acerca de las condiciones de vida de los reclusos, cuyos exiguos derechos humanos solían ser vulnerados por individuos (alcaides o guardianes) que creían estar en posesión de una sobreautoridad pero que no desmerecían en muchos casos de la personalidad psicópata de algunos internos (el jefe de los carceleros Munsey, Hume Cronyn, en la magistral Fuerza Bruta, de Jules Dassin). Desde la lejana y sensacional Soy un Fugitivo (1932, Mervyn Le Roy, con Paul Muni), pasando por la ya mencionada Fuerza Bruta, la no menos espléndida obra de Joseph Leo Mankiewicz Sin Remisión (cediendo aquí el protagonismo a las reclusas femeninas, con una fenomenal Eleanor Parker), Fuga de Alcatraz (del mismo director que Motín, Don Siegel, y con Eastwood), el Brubaker de Robert Redford hasta las más recientes (Pena de Muerte, Tim Robbins) el universo del cine carcelario ha estado marcado por esa siempre distante asimetría entre la autoridad y los individuos que conviven entre cuatro muros, en definitiva, entre las formas sobre cómo llevar a cabo el control de las cárceles y cómo han de ser resueltos los distintos problemas que surgen en las mismas (sujetos recurrentemente peligrosos; los motines y las peleas entre internos, las protestas por una comida sacada de un basurero, la reivindicación, en sí misma, de derechos básicos que han sido pisoteados de forma habitual). 

Un ejemplo de que la realidad supera a la ficción, sucedió en la prisión de Attica (Nueva York) en 1971, donde en un acto de barbarie sin limites la Guardia nacional de EEUU, bajo órdenes directas de Nixon y el gobernador de Nueva York, Nelson Rockefeller, asesinó a sangre fría a veintinueve reclusos desarmados  y diez rehenes (guardianes acribillados por las propias balas gubernamentales). Los supervivientes de la revuelta fueron posteriormente torturados y les fue denegada asistencia médica. Era la forma que tenían los EEUU de aplastar cualquier rebeldía disidente que, en el caso de Attica, se había tornado de un componente fuertemente político (el “black power”, pero con una total colaboración de los reclusos “blancos”), además de la exigencia de terminar con los sistemáticos abusos a que estaban siendo sometidos los presos. Sobre Attica se construyeron las habituales falsedades gubernamentales para distorsionar lo que realmente ocurrió y, reconociendo que se les fue la “mano”, se vendió al mundo un gigantesco bulo en contra de los internos de aquel presidio de la muerte. Si llega a acontecer en un país del “telón de acero” el escándalo hubiera sido de los que hacen época y los adjetivos se hubieran quedado cortos para los libros de historia. Otra marca más del horror americano y su manera “dialogante” de resolver conflictos. Nada nuevo, puesto que es a lo que nos tiene acostumbrados el Tio Sam en sus aventuras imperiales por el mundo.

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Emile Meyer (izda) y Neville Brand

Pero volviendo a la (afortunadamente) ficción cinematográfica de Don Siegel, el director norteamericano saca excelente partido de su Motín en el Pabellón 11 (1954), película realizada a bajo coste con los mejores recursos cinematográficos posibles. Utilizando actores prácticamente desconocidos (salvo Neville Brand, que tampoco era una “star”-system, precisamente) y extras contratados entre los propios reclusos donde rodó la película (la prisión de Folsom, en California), Siegel desgrana con maestría y en un estilo cercano al documental la rebelión de un grupo de presos en un pabellón especialmente conflictivo (el número 11). El mayor rasgo distintivo de esta película es la autenticidad narrativa con la que se resuelven las distintas situaciones que acontecen a lo largo del film. Desde el impecable retrato psicológico del jefe que lidera la rebelión (Neville Brand) hasta la insólita caracterización “humanista”, casi diría que empática, del alcaide (lejos de los pusilánimes personajes que siempre estamos acostumbrados a ver), un hombre cuya filosofía de actuación va más allá que el ser un vulgar e implacable déspota carcelario a las órdenes del sistema. Todo lo contrario, el alcaide Reynolds (en la ficción) es partidario de tender puentes con los reclusos y mejorar su status carcelario. El mensaje-denuncia es, pues, diáfano. Pero el medido realismo de la acción también da paso a la sociología de los personajes que pueblan el submundo de la cárcel, sus tensiones internas, el liderazgo sobre quién debe de llevar a cabo la revuelta, en qué términos y condiciones, todo ello dentro de un crisol de perfiles humanos, los presos, que arrastran tras de sí historias, como mínimo, sombrías. 

Poco se puede decir de los actores principales que no sea elogiar su encomiable trabajo, sobre todo en lo que respecta a Neville Brand, un actor que se metió con ganas y convicción plena (era un firme partidario, en la vida real, de la defensa de los derechos de los presos) en la piel del líder Dunn. Mientras que el papel del alcaide Reynolds recae en Emile Meyer, otro actor desconocido que recrea con determinación su personaje, al igual que los ocasionales reclusos convertidos en  actores aficionados que dan, si cabe, mayor realismo a la película. Y es que Don Siegel fue, sobre todo, un experimentado y veraz autor de cine de entretenimiento, dejando en buena parte de su legado cinematográfico un sello de calidad indiscutible. Esta película es una buena prueba de ello así como en otros títulos bien conocidos: La Invasión de los Ladrones de Cuerpos,  Código del Hampa (John Cassavettes, Lee Marvin y Ronald Reagan -socorro, pero menos-), The Lineup,  La Jungla Humana, la más introspectiva El Seductor, La Gran Estafa (con un gran Walter Matthau) o su otra sobria aventura carcelaria, la ya mencionada Fuga de Alcatraz. Menos estimulante me resulta su hiperconocida Harry el Sucio, película de mensaje reaccionario, llena de falacias lógicas y de una ambivalencia moral irritante.

Yo a Boston y tú al FBI

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Como aclaración previa decir que el título de esta entrada es una parodia de una película americana sesentera, de argumento tirando a infantiloide, rodada en clave de comedia titulada Tú a Boston y yo a California. Una mala película aunque no tanto como lo sucedido en la maratón de Boston hace unas semanas, que sí tenía mucho de película (real) aunque no, precisamente, mucha gracia. ¿Toca otra de conspiraciones? La verdad es que los vientos soplan desafortunadamente en esa dirección. No tenía una idea muy clara al respecto de lo sucedido en Boston días atrás, donde tres personas murieron como consecuencia de la explosión de dos bombas colocadas entre el público por unos presuntos “terroristas” de origen checheno. Pasada la apisonadora informativa (o, para ser más exactos, manipuladora) de Falsimedia lo más confortable sería tragarse por un embudo toda la versión oficial y quedarse en paz, pero en este caso hay que volver a pasar, me temo, de nuevo, por el atril de las conspiraciones y ejecutar la partitura de una más que presumible falsa bandera.

Lo cierto, es que a fuerza de que algunos piensen que asumiendo la tesis contraria a la comúnmente admitida por los papagayos de los falsimedios estás en la órbita de los “conspiralocos”, lo más razonable sigue siendo dudar en esta nueva y lamentable chapuza terrorista. Transcurrido, pues, un tiempo prudencial  del shock producido por el atentado de Boston, éste me olía, de nuevo, a mierda, a montaje-trampa del FBI, a otra farsa sangrienta escenificada (como las de Oklahoma, Torres Gemelas y 11-s) como una estrategia de tensión para seguir ajustando cuentas con las formales libertades públicas estadounidenses y, por extensión, con las del resto del mundo. Aunque tampoco era cuestión de lanzarse a la piscina así como así, ni asumir, de principio, las tesis de showman baratos como Alex Jones quien dijo, nada más explotar las bombas, que lo ocurrido en maratón bostoniano era un atentado de falsa bandera. Estuviese en lo cierto, Jones  es…lo que es, un espabiladillo que vive del cuento de fabular (por conveniencia) grandes tramas políticas, esotéricas y ufólogas en USA y en el resto del mundo. Un notorio publicista de las pseudociencias, de hábil verborrea, muy cinematográfica, pero también muy desinformativa. Prefiero seguir, en este asunto, otros hilos de personajes que inclusive no siendo partidarios de las “teorías de la conspiración” (Dave Lindorff, Algo huele a podrido en Boston) intentan aclarar algunos de los muchos puntos negros de aquel día. Lo que sí queda claro es que a EEUU, de partida, ya no hay quien le crea nada de lo que dice, porque en los últimos años o decenios están acostumbrados sus dirigentes y mercenarios a mentir, falsear, tergiversar, trucar, estafar…, en definitiva, a engañar a la opinión pública con tal de conseguir sus abyectos propósitos. Hay que refutarle, eso sí, sus mentiras con argumentos e hipótesis razonables, no con la verborrea de creyentes en ovnis.

La esquizofrenia política en que está inmersa la clase dirigente norteamericana en lo relativo al control policial sobre sus ciudadanos lo demuestra el hecho de que para la captura de un solo hombre (un “vulgar” estudiante de 19 años de origen checheno) se movilizaran nada menos que nueve mil policías, parafernalia SWAT incluida, en una exorbitante demostración de fuerza, coacción y miedo contra la población. Como bien señala el analista Michel Chossudovsy, se empezó a forjar de inmediato una leyenda negra con el correspondiente tufo a fraude: “la conexión chechena”. El terrorismo separatista que golpea a la Federación Rusa de Putin desde hace años, se trasladó a Boston por arte de birlibirloque de la mano de dos estudiantes de la Universidad de Massachusets: los hermanos “musulmanes” Tsarnaev que, sin ninguna evidencia que lo demostrase, ya tenían el perfil inmediato de dos peligrosos fundamentalistas venidos de Chechenia. Para completar el esperpento simiesco nos hablaron de una “ración” de antrax con destino a la Casa Blanca aparecida poco después de lo de Boston, como tosca continuación de la película del atentado. ¿Nos encontramos con otro “casus belli” similar al que motivó el 11-s para seguir estrechando todavía más el cerco policial y militar sobre los ciudadanos de EEUU y del Mundo?

Desde la misma consumación del atentado todo ha sido rocambolesco, disparatado, fraudulento y con un poso de engañifa verdaderamente escandaloso: uno de los hermanos Tsarnaev, el fallecido Tamerlan, trabajaba en una pizzería y su mujer de modesta auxiliar sanitaria; sin embargo Tamerlan llevaba siempre encima ropa de marca y conducía un coche de alta gama (Mercedes Benz). Según los últimos datos disponibles, el pájaro Tamerlan era todo un recadero de lujo del FBI, un chivato utilizado como comodín por la agencia federal, en su doble papel de infiltrado y “vigilado”. Dzhokhar, el otro hermano, aparece en una foto huyendo del escenario del atentado con la mochila que supuestamente había dejado atrás para que explotara en medio de la multitud; el FBI, la policía de Boston y la Guardia Nacional consiguieron, en tiempo récord (pocas horas) blindar una ciudad de un millón de personas sin plan previo alguno; por primera vez en la historia, en la Maratón de Bostón había un verdadero ejército de seguridad privada; uno de los miembros de esta empresa de seguridad privada, Craft International, aparece con una mochila idéntica a la del “terrorista” Tsarnaev y luego se le ve huyendo sin ella; el FBI, paradójicamente, tenía controlados todos los movimientos de los Tsarnaev e incluso, según el testimonio de su madre y otros familiares, habían ido a su casa a hablarle sobre la supuesta peligrosidad de su hijo Tamerlan y de que ambos habían sido objeto de amenazas y acoso continuo por los federales. Queda el sucio tiroteo de la muerte-asesinato de Tamerlan (al estilo del mejor salvaje Oeste) y el intento de hacer lo mismo con su hermano, que no va a correr mejor suerte quedando vivo. Dave Lindorff se pregunta con razón:

¿Por qué resulta inquietante todo esto? Porque una y otra vez, cuando las tramas terroristas se “interrumpen” y se arresta a los supuestos terroristas, resulta que son unos incautos ineptos a los que provocadores del FBI han dirigido hasta sus “complots”. Por tanto, ¿acaso este horrendo atentado fue otra de la larga cadena de operaciones encubiertas del FBI que quizá salió mal? O peor aún, ¿fue esto en realidad, como los padres de los Tsarnaev, ahora divorciados y viviendo por separado en Daguestán, están sugiriendo, un montaje de “bandera falsa” de las agencias de inteligencia estadounidenses?

Una vez más aparece en escena el FBI actuando como lo que es, una banda del crimen organizado gran especialista en orquestar atentados de falsa bandera en territorio estadounidense, esta vez moviendo los hilos de una conspiración de origen chechena para dar carta de credibilidad a la ejecución de la farsa bostoniana. Las evidencias históricas están ahí y no hace falta recordarlas. Pero, por si acaso, James Corbett, del Global Research, nos lo recuerda: “Las evidencias muestran que toda trama terrorista en suelo americano en los ultimos 10 años ha sido fomentada, financiada y equipada por una organizacion: el FBI”. En los últimos diez años, no. En los últimos veinte, diría yo. Porque hay que irse más atrás en el tiempo y señalar los atentados contra las Torres gemelas de 1993, el de Oklahoma en 1995 y, por supuesto, el 11-s. En Boston se ha reeditado toda la tramoya a que nos tiene acostumbrados el FBI: los supuestos planificadores de la “false flag” posteriormente son los dueños absolutos para investigar el caso, para proceder a la destrucción de pruebas y para, en definitiva, proporcionar un manto de falsedades sobre los sucesos de Boston. Más claro…el agua hirviendo que deja caer Lindorff  sobre este tema: “Teniendo en cuenta el largo y perverso historial del FBI a la hora de orquestar y financiar complots terroristas a partir del 11 de septiembre de 2001, para poder después explotarlos tanto para pulir su propia imagen como para aterrorizar a la gente, la última organización que debería encargarse de interrogar a Dzhokhar Tsarnaev en el hospital, y de investigar todo lo relativo al atentado, es el FBI”.

AlQaeda-Afganistán, yihadistas en Chechenia, CIA…esos “extraños” compañeros de viaje

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Ronald Reagan reunido con representantes de AlQaeda en el despacho de la Casa Blanca, en los años 80. Ni es un fake, ni lo será.

Desde la lejana y artificial guerra de Afganistán en los ochenta, una de las prioridades de EEUU ha sido utilizar el terrorismo islámico-extremista como falsa bandera de sus intereses para cercar, tanto a su clásico aunque más difuminado enemigo Rusia (antes la URSS) como para hacer implosionar regímenes que, todavía, no están a sus órdenes. Reagan, en los años ochenta, fue quien impulsó la ayuda militar y financiera a los yihadistas de AlQaeda en Afganistán, mientras que la parte operativa, de reclutamiento y de entrenamiento corrió a cargo de la CIA y el Pentágono (como afirmaba Steve Coll en el Washington Post de 19 de julio del 92). ¿Pero es factible pensar en la reedición de unos vínculos USA-terrorismo islámico de la mano de la insurgencia chechena? Los intereses estratégicos de EEUU siguen siendo los mismos que entonces: desestabilizar la región del Este europeo con movimientos de tinte aparentemente “pacífico”: roboluciones de “colores” en Ucrania, monigotes de feria en Georgia (Sakhasvili) o activando el terrorismo en la región autónoma rusa de Chechenia con el decidido apoyo de la monarquía feudal de Arabia Saudí (la que realmente propugna la implantación del salafismo y la “sharia” islámica y que el terrorismo checheno ha aplicado en los territorios por él controlados) o de los mismos servicios de inteligencia pakistaníes (el ISI). Al mismo tiempo, abre nuevos frentes hostiles en Irán, Corea del Norte o el Oriente Medio (“primaveras árabes”) en unión de su siervos Israel y la UE.

Por tanto, hay una evidencia incontrovertible: AlQaeda y la milicia terrorista islámica chechena son parte de operaciones de la  inteligencia estadounidense y las similitudes son demasiado evidentes (ejemplos: 11-s y Boston, a distinto nivel de masacre, eso sí). El objetivo checheno de Washington se ajusta a los parámetros de su política exterior: tratar de minar a su enemigo soviético de antaño y provocar la desestabilización en Rusia para colocar sus peones a conveniencia. La campaña de demonización-retroalimentación del “satán” musulmán no es nueva. El enemigo soviético (el comunismo, en definitiva) ha dado paso a otro adversario más dúctil y menos directo para el imperio: el islámico, con el que ha jugado a dos bandas; a saber, como cruzada para usarlo como “falsa bandera”, engañosamente en su contra y mediante atentados terroristas contra intereses norteamericanos y, por otra parte, en su favor utilizando a la carta a guerrillas yihadistas para asegurarse intereses petrolíferos y geoestratégicos en determinadas partes del planeta (Libia, Siria..). De este modo, blinda el Estado policíaco en USA, intimida a sus ciudadanos con el terror policial  y controla a la disidencia interior, mientras que en el exterior promueve la subversión, el terrorismo, las torturas y los asesinatos a través de sus marionetas políticas y sus aparatos de inteligencia.

Cardíacos, en un lugar de León

Los Cardíacos

Los Cardíacos

En el horizonte del pop-rock ochentero todo giraba en torno a la santificada movida promovida ¿consciente o inconscientemente? por el viejo profesor Tierno Galván y Madrizz como centro neurálgico de la modernez musical (y horterez, también hay que decirlo, de algunos de aquellos exponentes de la “avant garde” musiquera española). Parecía que nada más habitaba en la España que iba del 23-F (un Rey golpe a golpe) a la OTAN (de entrada no, pucherazo sí), salvo una periferia elocuente y gamberra encarnada por los gallegos de Siniestro Total, el “rockanrol” garajero del Loquillo y sus Trogloditas, con Rebeldes y Decibelios, en Barcelona, los asturianos Tino Casal e Ilegales con su vocalista macarra Jorge Martínez, el rock radical vasco (con las devastadoras drogas haciendo estragos entre casi todos los grupos del norte, en particular Eskorbuto) y algún grupo chic semihortera como los valencianos Ole-Ole, los fugaces Videoaunque también estaban Glamour y Comité Cisne (la continuación de los anteriores) mucho más vivificantes. Andalucía también existía con Danza Invisible (Al Amanecer) y 091, pero menos que el centralismo antidemocrático de la capital del reino y sus buenos, malos, espléndidos, rematadamente malos artistas y demás oficiantes de una nueva ola “a la española” que intentaba ir a rebufo del espejo británico. Ritmos que emergieron al calor de la demolición controlada del melodismo ramplón y pacato que parasitaba en el pre y post-franquismo o la legítima y siempre noble canción protesta. Lo que no era poco. Sería imperdonable dejarse en el tintero aquel programa radiofónico Ensalada con que nos deleitaba Carlos Del Riego  junto a Javier Morán (recientemente fallecido), dos entendidas y sugestivas voces pioneras absolutas en el País leonés en eso de introducirnos en las músicas inglesas (new wave-post/punk, góticos o simples rockeros), americanas o nuevaoleras españolas (entrevistas incluidas a Alaska y otros). Sucedió a finales de los setenta y principios de los ochenta. Otro imperdible, José Manuel Mures, igualmente válido, andaba por la SER, aunque con la radiofórmula trampera y previsible de los cuarenta siempre iguales. Pero no nos vamos ahora a poner quisquillosos. La voz de Mures es casi una institución.  

¿Pero…y en León que se hacía? Resulta que por allí apareció un grupo denominado Los Cardíacos con canciones que fueron auténticos cañonazos sonoros, aunque no se enterasen en tres cuartos de la España musical del felipismo y tampoco, me temo, en las Islas Canarias. Los Cardíacos empezaron su andadura allá por el 79 empezándose a dejar ver/oír por un garito de moda, el llamado Toisón, centro referencia de bebercios, ruidos anglosajones y otras escuchas musicales del momento. Estaba ubicado en el Barrio Húmedo, a tiro de piedra del bar Agustin (en homenaje al anarquista Agustín Rueda, asesinado por los carceleros fascistas del “nuevo” régimen “democrático”,  en las mazmorras de una “transacción” que estaba siendo de todo menos democrática), muy cerca de las fritangas morcilleras de La Bicha o de los bocatas forrajeros del bar El Infierno.  

Uno de los primeros carteles promocionales de Los Cardíacos

Uno de los primeros carteles promocionales de Los Cardíacos

La vigencia de Los Cardis treinta años después consiste en sus canciones siguen manteniendo el tipo, un ejercicio estimulante de música fresca, auténtica, alejada de modismos y clichés, de tantos experimentos “modernistas” de los ochenta, algunas veces morralleros, otras veces baratijas musicales semiolvidables. Música, pues, nada artificiosa…con sello propio y personalidad férrea e independiente, impecables voces e instrumentistas como las de Kike, guitarrista, Macario batería y voz, Toño, teclas y saxo (con el que tantas veces me crucé en mis idas y venidas al barrio El Ejido) y Carlos Suárez , voz, guitarra por citar a los más estables, una vez consolidada la banda..Su libro-cd-recopilatorio de hace unos años, Lo que hay que Tener contiene hitos como la primeriza Salid de noche…..ritmos ska…elocuentes que te invitan a brincar endemoniadamente. La dedicatoria al Toison, en sus Noches de Toisón…noches de poderío sonoro hasta llegar a la desesperanzora Pepi Pop. Esmeraldas como Obsesión, Pánico en el Hospital, Extraños en tu Sombra…puñeteramente enérgicas, convertidas ya en mitos fonográficos. No faltan la inolvidable ¡Que viva Hollywood! amarga crítica de la persecución maccarthysta a los intelectuales y artistas del sueño hollywodiense, a pesar de esa caleidoscópica diafanidad instrumental que invita a soñar …la nostálgica, intensa y existencial Encadenado, o esa fantástica La Costa Oeste, guiño cómplice al rock-hippy de los sesenta con sus suaves y evocadores acordes de guitarra y saxo. Junto a Lo tienes claro, Los blues de Tomás, Callao, etc…forman parte de la historia del pop-rock leonés y de este país, aunque no hayan tenido la pompa y el boato de otros. Y es que nada volverá a ser igual, ni en León, ni en el Estado. Nostalgia canalla. ¿Tienes claro lo que hay que tener?

La escenificación del miedo norcoreano

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La escenificación del miedo ya está sobre el tablero coreano. Y la desinformación masiva también. Veamos: Corea del Norte ya está lista para la guerra nuclear, Ban Ki-moon y Rajoy piden a Corea del Norte que detenga las “provocaciones”, Corea lanzará un misil el día 15 de este mes, cumpleaños del mandatario coreano (sic, si lo lanza no será porque lo diga EEUU), la “amenaza” de Corea del Norte, Rusia califica de “inaceptables” las declaraciones de Pyonyang, La posibilidad de una guerra accidental aumenta con las provocaciones de Pyonyang….y así miles de artículos demonizando, interesada y calculadamente, a la RPDC (República Democrática Popular de Corea) país, recordemos, aislado y penado internacionalmente bajo órdenes directas de EEUU, con la complicidad hipócrita de potencias nucleares como China y Rusia. Sorprendentemente nadie habla de dos actores que tienen mucho que decir en esto de las “provocaciones” y que tienen nombre y apellidos concretos: EEUU y Corea del Sur. Estos dos países han impulsado la creciente ola de tensión en la península coreana con unas recientes maniobras conjuntas, a tiro de piedra de su enemigo mortal la RPDC. Con todo lujo de maquinaria militar sofisticada a su alcance: portaaviones y submarinos nucleares, aviones B52, cazas F-22, bombarderos “invisibles” B2 Spirit con armamento nuclear a bordo…Precisamente el detonante de las declaraciones “guerreras” de Kim-Jong Un fue la presencia en el espacio aéreo surcoreano de dos bombarderos nucleares B2 Spirit, suficiente para sentirse amenazada la RPDC. Recordemos: NO existe ningún Tratado de paz entre las dos Coreas. Todo esto no es nuevo puesto que EEUU viene, desde el armisticio de 1953, rearmando a Corea del Sur y realizando incursiones militares aéreas y marítimas en territorio norcoreano. Todo un ejercicio de permanente provocación y guerra no declarada. Pero esto ni lo mentan los medios o bien lo consideran un síntoma de “normalidad”, a saber. La RPDC siempre ha querido firmar la paz definitiva con su vecino del Sur y también ha abogado de forma reiterada por la reunificación de Corea, pero en EEUU han dicho que no y su mariachi del Sur ha asentido. Que lo mejor es aniquilar y asfixiar al Norte.

Si hay que ser rigurosamente analíticos y objetivos, las declaraciones del mandatario norcoreano Kim Jong Un no son nada más que mero lenguaje altisonante para reafirmar que su país no va a ser un bocado apetecible como Libia, Irak o Afganistán. Militarmente la RPDC es un país modesto (su presupuesto no va más allá de los 8 mil a diez mil millones de dólares en comparación con los más de 600 mil millones de dólares de EEUU). La capacidad operativa de ataque de la RPDC sería bastante limitada, en este aspecto, aunque sus recursos nucleares sí son un aceptable elemento disuasorio. Sin aliados, la RPDC tendría nulas probabilidades de éxito en una guerra abierta para hacer hincar la rodilla al imperio y a su aliado coreano del Sur. Y tampoco a Japón, otro elemento distorsionador, en la sombra, del conflicto coreano. Pero que iba a vender cara su derrota, eso es incuestionable. Respecto del penalizado programa nuclear de la RPDC sorprende que sea sancionable hipócritamente por EEUU y sus corifeos de la AIEA cuando toleran que países como la India, Pakistán o Israel desarrollen armas nucleares, secretas o públicas. Aunque no resulta tan sorprendente, si pensamos que son países títeres de Washington y todo está en orden. Hay que preguntarse si realmente la RPDC, en la diana de EEUU desde hace tiempo, es el objetivo final de Obama. La respuesta es no. EEUU busca el control directo y total sobre Asia para, entre otras cosas, cercar con púas a China, su competidor directo por el dominio económico mundial en los próximos años.

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El cuento desinformador desde el Oeste consiste en seguir vendiéndonos una falsificación histórica sobre un país (la RPDC) que dicen se ha embarcado en un enloquecido aventurerismo militar agresor, incidiendo, cómo no, en ofrecer la imagen de una nación gobernada por un personaje déspota apegado a un comunismo barroco (la ideología juche, una mezcla de comunismo, nacionalismo, confucionismo y budismo..), a una tiranía sin límite. Late siempre una exacerbada y amarillista propaganda (hay cosas evidentemente nada recomendables en ese país) tan del gusto de los medios españoles y mundiales, cuando se trata de apestados que no se someten a las pulcras “democracias” occidentales. Para ello utilizan a mercenarios de la CIA como Reporteros sin Fronteras, agencias de derechos humanos vinculadas a Washington o hackers subcontratados por Langley como los de Anonymous. ¡Ay! si ese personaje gordito que gobierna la RPDC fuese aliado de EEUU, podría tener tanta patente de corso para matar como los aliados sionistas-terroristas del imperio; Israel, para entendernos (quienes últimamente les da por disparar -y asesinar- a agricultores palestinos como si fueran conejos, ante la indigna pasividad internacional, la que ahora se alborota con Corea del Norte).

Mientras, en España, la castuza bipartidista de políticos de mierda (los que nos “escrachean” a diario), con sus fiscales y plumíferos mediáticos, andan como locos para salvar de la quema al pudridero real. Una traca inútil ha sido esa imputación de la infanta “boba” por cuanto no va a pasar absolutamente nada (de hecho la Casa Real, el CNI y los políticos ya han suspendido el interrogatorio que tenía previsto el juez Castro a la “lela” de España), aunque mayor varapalo que ha recibido la monarquía española en años es imposible. Si hubiera decencia política en este país, decretarían hoy mismo en el BOE el exilio monárquico, previa restitución de lo robado por los Borbones al patrimonio español. No hace falta ser muy listo para saber que tienen guardada en la recámara, tarde o temprano, la baza “felipista” para salir al paso de toda esta podredumbre. Y Rajoy (según el dictado de su amo americano) manda parar y callar a Corea del Norte…

Días de resaca (integrista) procesional

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Como todos los años he padecido la habitual, nociva y ruidosa semana santa con desfile de capirotes, pasos, tamborradas y otras esencias católico-franquistas (eso que el periodista Antonio Orejudo llamaba “el molesto botellón de la iglesia católica”). Este año estoy especialmente cabreado, de muy mala hostia papal ya que además ha coincidido con el cambio horario. Lo que significa que me han birlado horas de sueño por la tosta los putos tambores y cornetas, despertándome a eso de las 8.30 de la mañana. Mientras en Madrid los defensores del nacionalcatolicismo prohibían una procesión atea en consonancia ideológica con la Gran Secta, en muchas capitales de provincia y pueblos se ha oficializado días atrás, como es costumbre, la  Inquisición procesional (el origen de las mismas procede, en muchos casos, del medievo y los rituales del santo oficio donde se torturaban y quemaban brujas, herejes, disidentes de “Dios” y esas cosas tan “modelnas” del clero; de ahí los capirotes). La tradición subsiste. La fábula arcaica del cristianismo acerca de Jesucristo es escenificada públicamente para disfrute de crédulos en bobadas infantiloides, creyentes sinceros e insinceros, curiosos por la estética quinqui-católica y nostálgicos oscurantistas. Los demás a aguantarse y a soportar con estoicismo el carnaval católico. Me parece muy bien que exploten la variante del turismo,  el fin último de todos estos saraos religiosos, ya que el negocio de la “devoción” y la “fe” es un camelo que no cuela en una sociedad fuertemente secularizada y cada vez más increyente. Pero sería de desear que no fueran tan hipócritas los que participan en este “botellón” jesucrístico ya que no resulta difícil de adivinar que, unos (los políticos que asisten a las procesiones vulnerando clamorosamente el precepto constitucional de “aconfesionalidad” estatal) se dedican el resto del año a putear a los indefensos ciudadanos y los demás (jóvenes en su mayoría, aunque sean fieles vaticanistas) a fornicar y disfrutar de los exquisitos placeres terrenales, incumpliendo todos ellos los preceptos de la santa madre iglesia. Vale, pero hay que mantener el circo teocrático una vez al año .

Pienso yo que alguna vez habrá que ir buscando alternativas para que toda esta parafernalia fundamentalista de la iglesia católica, con sus devotos del capirote, políticos, legionarios y guardias civiles custodiando a la santa secta, empiece a circular en procesionódromos, catedrales, parroquias, el Valle de los caídos o lugares habilitados al efecto, porque esto ya empieza a parecer una plaga langostina. Plaga que, todo hay que decirlo “goza de especial protección mafiosa del Estado” (A. Orejudo, dixit). Un desmadre que colapsa calles y obstaculiza el tránsito de personas y vehículos. De una austeridad procesional (mal tolerada, todo hay que decirlo) se ha pasado en muchos casos a un crecimiento descontrolado con la creación de nuevas cofradías que ha dado lugar a la ampliación de los desfiles procesionales en calles o barrios que nunca padecieron este insufrible revival de fe postiza. De la involución no hemos pasado a la evolución, sino a la retroinvolución. Escenificar una creencia irracional y grotesca en las calles (aunque sea de fachada) durante más de una semana es siempre un muy mal síntoma de una sociedad a la que Puente Ojea llamaba de “aldeanos ignorantes y fanáticos consumidores de mitos y leyendas ancestrales”. Ciudadanía que si ya de por sí está aborregada por los mass mierda, con la semanasantera alcanza unos límites de atraso cultural verdaderamente patológicos. Las creencias por muy extravagantes que sean y aunque sean pura iconografía de postal siempre deben de pertenecer a la esfera de lo privado, más que nada porque fomentar este tipo de verbenas católico integristas en espacios de todos puede generar un peligroso y potencial fanatismo religioso, sobre todo si te atreves a cuestionar la presencia callejera de representaciones religiosas en forma de procesiones u otras manifestaciones similares (Corpus Christi..etc..)

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Hace tiempo me comentaron (aunque nunca he terminado de creérmelo) que cuando ya tocaba a su fin el régimen franquista la Semana santa (uno de los santos y señas de la dictadura nacionalcatólica) iba a pasar (también) a mejor vida; vamos, que tenía los días y las horas contadas, como el Caudillo, para terminar exponiéndose en iglesias y museos como lo que es, una pintoresca reliquia. Al menos, en lo referente a la ciudad donde yo he tenido que padecerla año tras año. No sólo fue así, sino que el Estado mismo  potenció este legajo del franquismo de forma hábil pasándolo por el barniz de “interés turístico -nacional o internacional-”.  Es decir, todo por la pasta y el santo devocionario quedaba como una baratija efectista, pero no tanto…ya que proporcionaba sustanciales dividendos (ideológicos) a la iglesia con el suntuoso escaparate de las procesiones y, lo que es más importante, otro tipo de dividendos aún más sustanciosos: el jugosísimo aporte dinerario que le asigna el Estado ya que, supuestamente, uno de los motivos para el sostenimiento económico del clero es que España está conformada mayoritariamente por católicos. Y qué mejor que darse un festín de (ejem, ejem) enardecidas multitudes en la Semana de Dios nuestro señor Jesucristo. 

Bergoglio, alias Francisco I, el Papa de la dictadura argentina

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Resulta cuanto menos curiosa la secuencia ideológica que ha ido conformando el Estado vaticano a lo largo del siglo XX y este siglo XXI personificada en sus Papas. Pío XII fue el Papa de Hitler, Juan XXIII  nos lo vendieron como un campeón de la renovación eclesial pero no dejaba de ser una arista más de una doctrina trasnochada; a Juan Pablo I, tal vez el más arriesgado y humanista de todos los Papas, le dieron matarile en las cloacas vaticanas ante lo que se avecinaba; Juan Pablo II, el Wojtyla, fue el hombre de la CIA para destruir el Este de Europa; Benedicto XVI el Papa de la Inquisición y ex miembro de las Juventudes Hitlerianas..Y ahora mismo nos despachan a este argentino Bergoglio, alias Francisco I, como el Papa cómplice de la dictadura militar argentina (1976-1982). De la abundante información crítica que ha surgido en Internet acerca del nuevo Papa, hay una frase, de hace unos años sacada de nuevo a la luz, que define perfectamente al nuevo monarca: “La historia lo condena: lo muestra como alguien opuesto a todas las experiencias innovadoras de la Iglesia y sobre todo, en la época de la dictadura, lo muestra muy cercano al poder militar”, palabras de Fortunato Mallimacci, quien fue ex decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Aunque haya salido como un resorte el egregio Pérez Esquivel, que no sé que se le ha perdido en todo este sarao, dando la cara por Bergoglio y señalando su no vinculación con la dictadura. Pues yo no daría ni medio peso argentino por este Francisco I, mira por donde.

Bergoglio, un jesuita, es otro ultraconservador más, que puede cambiar las formas de la iglesia pero no el contenido., ya que se ha mostrado como un ferviente opositor a la Teología de la Liberación y otras formas civilizadas de pensamiento. Pero el curriculum ideológico del nuevo Papa es bastante más suave que su práctica política: según sus detractores, entre ellos el periodista argentino Horacio Verbitsky, consta que Bergoglio estuvo involucrado de alguna manera en el secuestro de dos compañeros de congregación, Orlando Dorio y Francisco Jalic, durante los años de plomo de la dictadura argentina, por parte de esbirros de la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada, el centro de torturas y exterminio de la junta militar), donde fueron torturados, aunque posteriormente liberados (supongo que por su filiación religiosa, de lo contrario hubieran sido ejecutados como muchos opositores). Es bien conocida la estrechísima afinidad que la iglesia católica argentina tuvo con la dictadura militar. De cómo los militares de la dictadura llevaban en helicópteros a disidentes que previamente habían sido drogados y torturados para luego arrojarlos al mar. Poco antes de llevarse a cabo esta operación, el clero católico  bendecía a los pilotos para llevar a buen término el “trabajo”. 

ELPAIS lameculeando a la Secta de Dios

ELPAIS lameculeando a la Secta de Dios

Los obispos españoles se han apresurado a decir que el tal Bergoglio tiene el “perfil de un santo”. Una institución diabólica, pienso yo, poco puede presumir de “santos” y sí de tener muchos pederastas afiliados a la Gran Secta. Por otra parte, periódicos como el “progre” ELPAÍS prefería echar un capote y mostrar un exacerbado entusiasmo por el jesuíta Bergoglio, ofreciendo una información digna del mejor boletín episcopal, eludiendo el pasado oscuro de este pontífice. Dicen los plumíferos de PRISA: “El Papa que se hace la comida. Suave y humilde en las formas, Bergoglio cuida los símbolos y detalles y destaca por sus firmes convicciones”. Verdaderamente enternecedora como está la progresía de Don Polankone con dos poderes fácticos clásicos: monarquía y clero. La prensa española de Falsimedia no ha estado tan ácida y marrullera como lo estuvo con la muerte de Chávez, al que acusaban soterradamente de dictador, cuando no se burlaron directamente de él. Con Bergoglio han suavizado cuando no ocultado sus faltas (o delitos, para ser más exactos), sin hacer referencia (como siempre) al  carácter autocrático y absolutista de la figura papal. Muy al contrario que la prensa internacional (incluido el New York Times, que lo tacha de conservador y cercano a la dictadura argentina). Resulta verdaderamente hipócrita que esos mismos medios acusen a Corea del Norte de tener una monarquía comunista hereditaria y a este pajarraco le mantengan en una suerte de confortable mecedora celestial, con gran profusión de cortesanía mediática,  como  si de un enviado de Dios y el capital se tratase. Que sea la derecha financiera quien más le jalee indica que el  presumible discurso social de este jesuíta será otro fraude para tener entretenida y desmovilizada a la plebe. Lo que siempre hizo la iglesia

Bergoglio no va a ser más que otro Papa del involucionismo, del extremismo político derechista y del Nuevo Orden que maneja a su antojo los EEUU. Las eventuales autocríticas (ya empieza a hablar Francisco I de “arribismo” en la Iglesia) no dejarán de ser una grosera pose para lavar la ignominia del pasado criminal cristiano-católico. Por mucho que Pérez Esquivel intente echarle un guante de seda encima de mala manera, este Papa está contaminado de raíz. Ni siquiera ha tenido la decencia la Iglesia católica (o la CIA) de haber nombrado a un tipo con un pasado limpio y de verdadero compromiso con los pobres que, aunque va acompañado del inevitable veneno de la fe religiosa, al menos podría dar una imagen más “social” (por ejemplo, un arzobispo africano). Han preferido contar con un Papa latinoamericano de la reacción que cohabitó con una brutal dictadura, en términos de apoyo político y parece ser que del “otro”…quien sabe si para crear el efecto de un caballo de troya en los procesos emancipadores progresistas que están aconteciendo en aquel continente. 

Philip Marshall: ¿asesinado por encargo?

Philip Marshall y sus dos hijos

Philip Marshall y sus dos hijos

El filón del 11-s no sólo parece que sigue estando activo sino que adopta en ocasiones esquemas propios de un “thriller” cinematográfico. Sólo que la realidad sigue superando a la ficción. Y las víctimas de esta película siguen cayendo, sospechosamente, del lado de los disidentes. En el turbio autoatentado del 11-s, desconocía el recorrido “conspirativo” de un personaje como Philip Marshall, ex piloto de aviación, además de ex  colaborador de la CIA y la DEA (la Agencia antidrogas de USA), autor de un libro titulado The Big Bamboozle en el que, en sus líneas básicas, acusa al gobierno Bush y a una trama saudí del autoatentado del 11-s. 

A Marshall le han endosado oficialmente el asesinato de sus dos hijos (incluido, el perro de la vivienda) y su posterior suicidio, hechos ocurridos a primeros de febrero de este año en su casa de Sta. Barbara (California). Lógicamente, las sospechas empezaron a sobrevolar inmediatamente y las conspiraciones también. ¿Recibió algún tipo de amenaza de muerte Philip Marshall que le motivó a actuar de una forma tan cruel? ¿Por qué esa frialdad tan extraordinariamente calculada?¿Era Philip Marshall una personalidad psicótico-depresiva?¿Tenía en su poder información privilegiada, se vio envuelto en un callejón sin salida y se suicidó? ¿O tal vez fue víctima de una operación Black Op Hit para cerrarle la boca y que callase para siempre? En definitiva, ¿se cargaron a Marshall porque sabía más de la cuenta sobre el autoatentado del 11-s?

Para responder afirmativamente a la  última pregunta habría que ver si realmente Marshall era una pieza importante en el engranaje del 11-s, si tenía capacidad para desentrañar información privilegiada. Parece ser, a primera vista, que sí (al margen del libro antes referido), que Marshall no era un teórico de la “conspiración” más, sino que era alguien que había estado metido en el ajo de infinidad de operaciones encubiertas de la CIA, un conocedor de todas las cloacas delictivas de la “inteligencia” norteamericana. Nada que ver con gente como Webster Tarpley, el ex detective anti-narcóticos Mike Ruppert, Chris Bollyn, Woody Box, Thierry Messian….o el mismo Wayne Madsen, que simplemente son investigadores, “teorizan” y exponen su particular visión contraoficial del 11-s, dejando al margen a otros personajes como el titiritero  Alex Jones y demás showman “made in USA”  (Jesse Ventura). Esto viene a cuento para aclarar dudas en cuanto que algunos podían plantear lo siguiente ”¿y por qué no se han llevado también por delante a todos los que han dicho que Bush organizó el 11-s, acusan directamente a la CIA o a determinados militares del autogolpe?”. Por una razón muy simple: no es lo mismo que un tipo ajeno al entramado conspirativo gubernamental se presente en una tribuna pública y diga que la CIA montó el autoatentado, a que un señor, que ha estado dentro del sistema, posea información documental comprometedora de primera mano y diga que va a cantar. Así  de concluyente. Marshall, tenía todas las papeletas para ser “el hombre (o uno de ellos) que sabía demasiado” sobre 11-s. El mismo Wayne Madsen (ex empleado de la todopoderosa NSA –Agencia de Seguridad Nacional-) señala que Marshall estaba en condiciones de poner al público “información explosiva” sobre el 11-s. ¿Suficiente para hablar de una ejecución sumaria a cargo de los aparatos del Estado norteamericano? Sin dejarse llevar por la “conspiranoia” fácil, resulta una hipótesis muy factible aunque, como siempre, sea casi utópico atar todos los cabos sueltos. Lo que está claro es que en este asunto van a sobrevolar, siempre, más preguntas que respuestas. Más incoherencias que certezas oficiales.

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Para empezar, Marshall no dejó nota alguna al morir, un rasgo distintivo de todo “buen” suicida.  Si bien no es un manual preestablecido en todos los que se quitan la vida, si que es un indicador fiable para empezar a descartar, de forma razonable, el suicidio. Por otra parte, Madsen afirma que Marshall era zurdo y, en cambio, se suicidó de un tiro en la sien derecha. Este sería un punto de singular trascendencia, pero parece ser que no se ha podido verificar ya que no se sabe si se tomaron fotos o no del cadáver de Marshall, puesto que según Madsen en la escena del crimen todo fue muy “apresurado” y hubo una “limpieza” claramente ilegal por parte de la comisión policial y judicial. Otro hecho a destacar es que los vecinos dijeron no oír nada, lo que da a entender que los disparos podían haberse hecho con un silenciador, pero la pistola que poseía Marshall no lo tenía, según Madsen. Se sabe, también, que Marshall, estando en el domicilio, nunca dejaba puerta abierta alguna de su casa, sin embargo se encontró una de ellas abierta al ir la policía a reconocer los cadáveres. Los vecinos de Marshall creen, en “petit comité”, que las muertes fueron asesinatos ejecutados profesionalmente. Sorprende, por otro lado, que Marshall quitara de enmedio a una de sus mascotas (el perro) y a la otra no (un gato). Para enredar más la madeja, hay asuntos todavía más espinosos. Los hijos de Marshall fueron encontrados asesinados en un sofá de la casa ya que, al parecer, según la versión oficial, se encontraban allí durmiendo, lo que te hace preguntar el motivo de por qué estaban allí y no podían estar (con más lógica) en sus respectivas habitaciones. Pero sobre todo, hay algo que mueve a pensar en un asesinato por encargo: la casa de Marshall fue objeto de una extraña “limpieza” poco después de las muertes lo que indicaría que el o los presuntos asesinos estaban buscando algún tipo de información. Nadie sabe, tampoco, que ha sido del equipo informático de Marshall, desaparecido de forma misteriosa. 

En definitiva, es altamente improbable que Philip Marshall estuviera depresivo, tanto como para quitarse la vida y menos que asesinara fríamente a sus dos hijos, que eran su apoyo más fuerte y a los que quería mucho. En la red social Twitter, Marshall en los días que van del 12 al 31 de enero (poco antes de su suicidio), no mostró signo alguno de depresión o que se advirtiera algún indicio del desequilibrio emocional que le achaca la versión oficial. Marshall, de barajar una hipótesis fiable, más bien era un personaje peligroso para el sistema, un arrepentido que tenía la fea costumbre, en los últimos tiempos, de dejar la basura a las puertas de la sede de la CIA y la Casa Blanca. Y aunque pueda parecer una temeridad la afirmación de Madsen de que hay un 100 por 100 de probabilidades de que el ex piloto de la CIA haya sido asesinado en una operación BlackOp Hit por la CIA, sigue sin haber explicación racional alguna para ese “suicidio”. Tampoco para el asesinato de sus hijos. ¿Realmente podría tener la CIA u otros elementos del gobierno la sangre fría de asesinar a dos adolescentes?¿Y por qué?¿Qué papel tan peligroso podían desempeñar dejándolos vivos?¿Se podría haber ejecutado a Marshall de otra manera…en un accidente de coche simulado…tiroteado en otro lugar, sin necesidad de eliminar a sus hijos?¿Era más “convincente” de cara a la opinión pública que los asesinos utilizaran la opción “suicidio”-crimen de sus hijos para ensuciar la imagen de Marshall?¿La versión oficial es el eslabón más débil pero hay que darle alguna credibilidad a la espera de encontrar pruebas más concluyentes?

Quizás Philip Marshall no sea más que otro héroe anónimo que decidió que había llegado la hora de romper el silencio cómplice y lo pagó él y sus hijos con un crimen ejecutado con demasiada…tal vez demasiada, perfección.